Hay que saber que decirle a un moribundo

Es de gran utilidad saber que decirle a un familiar con una enfermedad terminal, sobre todo cuando le queda poco tiempo de vida

M.Sc. Dr. Alberto Quirantes Hernández *

En primer lugar se debe pensar en el bienestar de su enfermo y complacer sus últimos deseos manteniendo la serenidad, a pesar de sentir ansiedad o tristeza cuando hablamos con estos pacientes en etapa terminal.

Es necesario escucharlo con mucha atención y en silencio; cuando la conversación lo permita, comunicar su deseo de apoyarlo más allá de darle sus medicinas, su deseo de ayudarlo a hablar con otros familiares y a perdonar o a planificar lo mejor para su más allegados. Pregúntele a su familiar si hay alguien con quien le gustaría hablar por teléfono, internet o en persona. Algunos manejan esta situación siendo claros y directos, por supuesto, con la mayor delicadeza y diplomacia del mundo; otros dicen muy poco o nada por temor a quitarle las últimas esperanzas al enfermo. En realidad, la atención debe ser lo que necesita el paciente. Pero, ¿qué puede hacer usted por ese ser en sus etapas finales?

En primer lugar escuche y trate de interpretar atentamente los mensajes ocultos o indirectos de que el paciente necesita hablar. Por ejemplo, comentarios como: “Cuanto siento no estar aquí para el cumpleaños de…”, o “ya estoy cansado de estar tan enfermo”. Este es el momento oportuno para decirle: “¿Te gustaría hablar más sobre este tema?”. Y si la conversación lo permite y aconseja, aclare muy delicadamente que usted sabe que el final se encuentra cerca.

Algunas personas que saben perfectamente que están muriendo evitarán esta conversación hasta el final; otras prefieren una conversación honesta y muy serena en la que se hable del tratamiento de síntomas como dolor, falta de aire o náusea. En vez de evitar este tipo de conversación, es un buen momento para preguntarle: “¿Cómo te puedo ayudar?”, “¿qué es lo que más te molesta?”, “¿quiere que te llame a algún otro familiar?”.

 

Deje al paciente hablar, no lo interrumpa y concéntrese en conocer lo que necesita. Si tiene dificultad respondiendo a estas preguntas, ponga un ejemplo: “¿Quiere hablar con tu otro hijo, tu hermano o determinado  familiar distante?”. “¿Te sientes con falta de aire, dolor, etc.?”, “¿deseas que llame al médico?”. Recuérdele que usted el resto de los familiares y amigos y todo el equipo médico están para ayudarlo en esos difíciles momentos.

No es fácil trabajar con el perdón. Los familiares o un representante de la creencia que practique  puede ayudar a su paciente a enfrentarse a sus arrepentimientos diciendo algo como: “Me he sentido mal por algo que sucedió hace tiempo. Sé que participé y me gustaría disculparme por eso”. Después de describir el problema o el incidente en términos simples, diga: “Por favor perdóname”, mostrando y sintiendo un sincero arrepentimiento.

En lo posible recuérdele que hay cuatro cosas que todos los seres humanos quieren decir: “Gracias por todo lo que has hecho”, “perdóname”, “te quiero/te amo” y “adiós, nunca te olvidaré”. Asimismo, todos desean escuchar: “En algún momento todos estaremos reunidos y bien”.

Deje saber a su paciente que es difícil pedir perdón, pero es liberador. Dígale que si no puede decirlo personalmente lo puede hacer en su mente y en su corazón. Esto implica eliminar cualquier deseo de castigar o vengarse de  la persona por el dolor que experimentó alguna vez.

Decir “adiós” es difícil en nuestra cultura, pero en la medida en que la comunicación y conexión electrónica aumentan, más necesario se hace despedirse y tratar de dejar las cosas organizadas a través de un testamento. Ayude a su paciente y se estará ayudando a usted mismo. A veces no es el miedo a la muerte, sino el miedo de que, en lo que concierne al mundo, es posible que nunca hayamos vivido como lo hubiéramos deseado.

El momento más difícil es cuando ya no hay nada que decir o preguntar, pero es ese momento en que las manos o los labios son capaces de transmitir un mensaje.

Cuando las palabras faltan, o cuando ya no son necesarias o posibles, un toque o un beso gentil y cariñoso abren una verdadera oportunidad como manifestación de humanidad y cariño. Poner su mano o sus labios suavemente sobre las manos o el hombro o la cabeza de quien parte definitivamente es la mejor forma de decirle: “Estoy aquí. No estás solo. Te quiero ayudar”.

* Master en Ciencias y Profesor Consultante

  Jefe del Servicio de Endocrinología

  Hospital Docente Dr. Salvador Allende

  La Habana – Cuba

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