De La Habana un caballero

José María López es un símbolo de la Villa que pronto arribará a sus 500 años

José María López Lledín, "El Caballero de París". (Foto: The Cuban History)
José María López Lledín, “El Caballero de París”. (Foto: The Cuban History)

Por: Ana Margarita Sánchez Soler (asanchez@enet.cu)

Este 30 de diciembre se conmemoraron 119 años del nacimiento de José María López Lledín. Nadie sabe aún con certeza qué motivos lo obligaron a internarse en un mundo invisible para el resto de la gente.

Los parajes por los que deambulaba el Caballero de París eran mitad reales y mitad ideales, porque a este ilustre señor le bastaba la sombra de un tronco sobre el Prado habanero o alguna página de cualquier triste periódico para volar.

Formulaba a su antojo las dimensiones del día, los colores del espacio y la bondad del rostro ajeno aunque fuera incierta. El “Caballero” prefirió pensar que todos le admiraban y no hay poca verdad en ello porque muchos le quisieron.

Aquellos capaces de encontrar la belleza del alma oculta tras sus ropas desaliñadas querían cruzarse en el camino diario del barbudo parisino. Él gustoso fue una sorpresa en la ruta de los habaneros, que llegaron a creerlo oriundo de Paris.

Tan lejos y tan cerca al mismo tiempo, supo desde la sinrazón de sus días convertirse en un símbolo de esta ciudad que veía en su estampa a un mendigo, un loco, un genio… La piedad y la admiración se mezclaban en su silueta frente a infinitas miradas. Anduvo como un príncipe callejero por muchos rincones de La Habana, llevando a cuestas el peso de una figura derruida por la hostilidad de sus días.

Llegó a Cuba siendo apenas adolescente a bordo del vapor alemán Chemnitz. Quizás sus ojos resplandecieron ante el primer atisbo de ínsula tropical. Esa sería la tierra de su hazaña quijotesca, la batalla entre razón y desequilibrio. Encontró en su conciencia perturbada más disfrute del que la realidad cotidiana podía ofrecerle. Por eso iba y venía del embeleso como si atravesara un umbral exclusivo para eruditos caballeros.

José María López es un símbolo de la Villa que pronto arribará a sus 500 años y que alberga sus restos en el Convento San Francisco de Asís. Desde allí ilumina con su espíritu a La Habana que es también suya.

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