Pensar a Titón desde el Festival

Especial connotación en la 40 entrega del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano tuvo el homenaje realizado a Tomás Gutiérrez Alea

Mirta Ibarra y Tomás Gutiérrez Alea. (Foto: Internet)
Mirta Ibarra y Tomás Gutiérrez Alea. (Foto: Internet)

Por: Ana Margarita Sánchez Soler (asanchez@enet.cu)

Uno de los hechos que tuvo especial connotación en la 40 entrega del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano fue el homenaje amplio realizado a Tomás Gutiérrez Alea, justo en el año que arribaría a sus nueve décadas de vida.

Dos aniversarios cerrados se encuentran, en lo que podría denominarse una grata coincidencia pues las aportaciones de Titón, como se le conociera al cineasta, pesan en el acervo de una cinematografía latinoamericana consolidada. El cine del subcontinente se afianza hoy en la figura de Gutiérrez Alea.

¿Por qué revisitar a Titón con tanto énfasis durante estas jornadas de cine en las cuales su nombre ocupó espacios expositivos y de diálogo? Recuerdo aquel empeño de su compañera en la vida, la actriz Mirta Ibarra, por recopilar cartas del artista para aquel necesario título epistolar Volver sobre mis pasos.

En aquel momento Mirta acudía al instinto personal de la revisitación valiéndose de circunstancias registradas por puño y letra del propio Alea. Sucesos de índole profesional, creativa y ética afloraron ante los ojos del lector y sospecho que Ibarra quería justo eso: develar a un Titón consecuente consigo mismo ante cualquier suceso por cotidiano o extraordinario que fuese.

Mirta apostó por dejar que los hechos hablaran desde las cartas y verificó, me atrevo a sospechar, que Titón era un tema de muchos; que tal como ella otros iban por él y su cine. Acercarse a Tomás Gutiérrez Alea es un acto loable por muchas razones, pero todas giran en torno a la vastedad de su espíritu.

El cine de Titón es secuela, ante todo, de una ética que se respira entre sus epístolas de principio a fin y de facultades incuestionables para manejar fundamentos técnicos y formales de la disciplina artística. Es a fin de cuentas la sensibilidad por la vida en movimiento lo que obliga a volver sobre él incesantemente.

Este Festival tuvo aires de Titón que no fueron añadidura; sino esencia impregnada en las palabras de quienes aprovecharon la ocasión para enaltecer una obra que lo merece no solo por numerosa, sino por rica y aguda.

Así lo admitieron quienes se sumaron al debate en El Seminario Internacional Tomás Gutiérrez Alea, entre Historias de la Revolución y Guantanamera. Una de las múltiples aristas allí abordadas fue la habilidad de Titón para explorar las connotaciones de la memoria cultural y artística a través del tiempo en consonancia con disímiles contextos.

El seminario posibilitó también indagar en la construcción del personaje dentro del cine hecho por Alea y los espacios circundantes en términos físicos o subjetivos.

Este Festival introdujo significativas búsquedas respecto a la impronta que Tomás Gutiérrez Alea dejara en el cine cubano y latinoamericano. El nombre del cineasta resonó en muchas bocas y en ello hay un gesto decoroso porque esas resonancias definen el regreso de algunos a los pasos de Titón y las primeras andadas de otros por su hondo espíritu.

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