El año nuevo y la mochila de los sueños
Así me veo rumbo al 2019, llevando a cuestas los mejores sueños, esos que al despertar te dan el empujón que vence las modorras y burla el desaliento

Por: Juan Miguel Cruz Suárez
Cuando estamos por emprender un viaje, hurgamos en el estante de los zurrones y desempolvamos la mochila preferida, la más fuerte y amplia; la atractiva y útil.
Sabemos que en ella cabe lo que llevaremos y lo que probablemente traeremos al regreso; si somos personas prácticas y preferimos no cargar en la espalda el peso de lo innecesario, entonces ponemos dentro de la bolsa aquello que vale la pena y desechamos lo superfluo.
Así me veo rumbo al 2019, llevando a cuestas los mejores sueños, esos que al despertar te dan el empujón que vence las modorras y burla el desaliento, ellos se mezclan con un alijo de planes, algunos ya empezados otros en ciernes. Compruebo el peso del morral y aún me sobran cosas, pesados objetos que se ocultan en los espacios menos esperados y desde allí amenazan con doblarte las rodillas, si la caminata se complica: pesan los pesimismos y los miedos; pesan los rostros carentes de sonrisas; pesa el aplazamiento de un abrazo que no deberás postergar un solo día; pesan los temores a lo nuevo y la poca habilidad para ajustar las velas; todo eso pesa y ha se sacudirse la mochila.
Para mi regreso, de este viaje de doce meses que pronto inicia, dejo un buen sitio donde quiero acomodar lo que reciba: las noticias de paz; el enjambre laborioso de una Cuba que, a pesar de los odios y los cercos, late, resiste y vive; el verso nuevo, las fotos de gente sonriente, el mapa de los corazones misteriosos y la felicidad de los queridos.
Tomado de Cubadebate