Mie. Sep 18th, 2019

Una ausencia que se siente profundamente

Médico y combatiente revolucionario, Faustino Pérez Hernández muere el 24 de diciembre de 1992

Faustino Pérez y Fidel Castro. (Foto: Internet)
Faustino Pérez y Fidel Castro. (Foto: Internet)

Por: Félix Rubén Alomá

Médico y combatiente revolucionario, Faustino Pérez Hernández muere el 24 de diciembre de 1992. Un ejemplo de dirigente que, según opiniones de quienes trabajaron junto a él, mantenía como estilo pedir opiniones y criterios a las personas, colegiar colectivamente las decisiones.

Fidel Castro Ruz, que lo admiraba profundamente, dijo: “Faustino Pérez era la conducta de la Revolución”.

Revisando la vida del revolucionario en la publicación Una reunión decisiva (Pasajes de la guerra revolucionaria) de Ernesto “Che” Guevara se refiere: “Faustino siempre fue considerado un compañero honesto a carta cabal y arriesgado hasta el extremo.

“De su arrojo tengo pruebas presenciales, cuando quemó un avión que nos había traído armas desde Miami, y había sido descubierto y dañado por la aviación enemiga.

“Bajo la metralla, Faustino realizó la operación necesaria para evitar que cayera en manos del ejército, dándole candela con la gasolina que se vertía por las perforaciones de los impactos. De su calidad revolucionaria da cuenta toda su trayectoria.”

Su lealtad quedó demostrada cuando el 19 de abril de 1961, ante la posibilidad de morir en las arenas de Playa Girón, a bordo de un tanque, escribió su testamento político: “Viva la Revolución Socialista”.

Después del triunfo revolucionario fue: ministro de Recuperación de Bienes Malversados; primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) en la región de Sancti Spíritus; se desempeñó como presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos; embajador en la República de Bulgaria y jefe de la Oficina de Atención a los Órganos Locales del Poder Popular; director de la Empresa Agroforestal Victoria de Girón y miembro del Comité Central del PCC.

Nació el 15 de febrero de 1920 en Zaza del Medio, en la antigua provincia de Las Villas, pero por decisión propia pasó sus últimos días en la Ciénaga de Zapata.