Lun. Sep 16th, 2019

Salvador Wood a sus 90 años

Salvador Wood a sus 90 años

En un pueblito de pescadores que se alimenta de la brisa del mar, como si fuese una toma para cualquier película, cierto anciano se mece sereno con la mirada de quien recuerda lo que hizo frente a la cámara

Por: Ana Margarita Sánchez Soler  asanchez@enet.cu

En un pueblito de pescadores que se alimenta de la brisa traída por el mar puede escucharse el chirriar de los balancines. Como si fuese una toma para cualquier película, cierto anciano se mece sereno con la mirada de quien recuerda lo que hizo frente a la cámara, todo aquello que ni la sal de Cojímar podría corroer.

Su nombre es Salvador Wood, una de las más destacadas figuras de la cinematografía cubana que arribó a su 90 cumpleaños hace solo unos días. El pasado 24 de este mes, no pocos acudieron a él para agasajarlo; y quienes, imposibilitados por la distancia o la faena cotidiana, no llegaron a su pueblo adorado, le obsequiaron un pensamiento.

En el cuerpo de este primerísimo actor están las marcas de una vida ofrecida al arte de interpretar: lleva en los ojos el resplandor de esas luces que acompañaron a sus múltiples personajes en el cine. Él puede, como pocos, contar las anécdotas más simpáticas o estremecedoras que vivió con cada personaje.

Su incursión en el cine ha sido extensa desde aquel debut en Chin-Chin, película de Humberto Arenal; quien en 1960 le confió el rol de un campesino. Nunca más podría Wood separarse de ese medio que le ofreció regalos de incalculable valor como El brigadista (1979), en cuyo rodaje compartió escenas con su hijo Patricio.

Otras cintas emblemáticas de la cinematografía cubana que cuentan con el desempeño de este nonagenario actor son La muerte de un burócrata (1967), Ustedes tienen la palabra (1975), Polvo rojo (1982), La segunda hora de Esteban Zayas (1990), Listos para la isla (2006); y muchos otras.

Más de veinte filmes tuvieron la astucia de Salvador Wood, porque ser actor es cuestión de suspicacia e inteligencia. Los presuntos vacíos que pudieron merodear su carrera ante la falta de una escuela fueron llenados con esa condición natural moldeada por la experiencia.

Aunque nunca cursó estudios académicos, Salvador Wood fue construyendo con autopreparación el dominio técnico propio que le ha permitido encarnar cientos de personajes. “Las nociones de Stanislavski aportaron mucho en esa búsqueda de recursos para la actuación”, según confiesa Salvador.

La radio, el teatro y la televisión también enriquecen su historial; pero Wood evoca al cine como un medio fascinante, su mirada todo lo dice cuando habla de la gran pantalla.

Creció desde el cine frente a todo un país hasta alcanzar dimensiones que ni él mismo sospechaba cuando dio sus primeros pasos sobre un set.

Salvador sigue siendo el mismo hombre humilde de siempre cuya mirada apacible salta del sillón que lo mece. Si alguien pasa por la acera de en frente y lo ve, podría confundirlo con un pescador de pueblo que solo aspira a navegar. A él no le molesta porque sabe que alguna vez también fue pescador para su público. Salvador Wood es el cine.