Los odios de Jair Bolsonaro
El presidente electo de Brasil destruye programa social Mas Médicos

Por: Mariela Pérez Valenzuela
El presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, un excapitán de la Fuerza Armada, 28 años consecutivos como un gris diputado federal, expresa un pensamiento de odio hacia una considerable parte de su pueblo y de quienes propugnan el progresismo en el mundo, una posición política muy grave en el contexto de América Latina y de repercusión mundial.
Bolsonaro, 63 años, tres hijos en la política activa, es hoy el mas significativo representante del neofascismo latinoamericano y su verbo así lo demuestra. Antes de ser candidato y después de ganar los comicios de octubre último, el mandatario electo planteó sus convicciones ideológicas, identificadas en buena medida con el nazi-fascismo de Adolfo Hitler en Alemania.
Este individuo que estuvo ocho mandatos consecutivos como diputado federal –en los cuales no presentó ningún proyecto de interés- se muestra ahora en su dimensión homofóbica, misógina, discriminatoria. Los negros, dijo, no sirven ni para procrear¨, en tanto se burló de una diputada federal a la que espetó en público: ¨eres tan fea que ni siquiera puedo violarte¨. Y confirmó que aceptaba la tortura a detenidos como práctica para obtener información.
También vierte su aborrecimiento contra los homosexuales. En una declaración que muchos califican digno de un ser insano, declaró a un periódico que si tenía un hijo homosexual prefería ¨verlo muerto en un accidente¨.
Nadie sabe lo que pasará en Brasil realmente cuando asuma el próximo 1 de enero, pero ya va dando sus botones de muestra, como la abolición del Ministerio de Trabajo, ya que prometió reducir su gabinete de 25 titulares a 15 o 16. Con ese paso impide que los trabajadores exijan a un organismo determinado el cumplimiento de sus deberes.
En uno de sus discursos de campaña, afirmó que privatizará empresas, incluso ¨algunos brazos¨ de la petrolera estatal Petrobrás, aunque reconoció que ¨no soy ducho en economía¨ ni en otras lides políticas, según comentan analistas.
Este individuo, capaz de hablar las mayores barbaridades con absoluto desenfado, se lanzó de lleno contra uno de los programas sociales más importantes del gobierno de Dilma Rousseff, derrocada en 2016 por un golpe de estado parlamentario en el que participó el futuro jefe de gobierno.
Se trata de Mais médicos, que llevó a Brasil a millares de galenos de varios países, la mayoría de ellos procedentes de Cuba, en cumplimiento de un contrato con la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
La flaqueza de espíritu, la carencia de conocimientos, su antipatía hacia el revolucionario gobierno cubano, lo llevó a ofender a los médicos de la ínsula, formados de manera integral y especializados en distintas ramas, pero que él decidió obligarlos a revalidar su titulo si querían permanecer en Brasil, haciendo invitaciones a la deserción.
Una contundente respuesta del gobierno de La Habana rompió el contrato con la OPS y de inmediato los médicos que desde hace cinco años sirven a la población más pobre del país suramericano están retornando a la isla en un vuelo diario hasta que en tierras brasileñas solo quede el recuerdo de sus batas blancas.
En ese quinquenio, estos galenos atendieron a 113 millones de personas residentes en las zonas más pobres e intrincadas, a las que no acuden sus propios profesionales debido a las pésimas condiciones de vida, peligrosidad y bajos salarios pagados por Brasilia.
Bolsonaro se olvidó que posiblemente en esas áreas que quedaron sin la presencia de los facultativos el haya ganado las elecciones. Ganó un municipio antes de adoptar la extrema medida, pero dejó a sus votantes sin la atención sanitaria, que además nunca tuvieron antes de la llegada de los colaboradores antillanos.
Este retrógrado ex diputado forma parte –ya que no es un improvisado- del plan de desalojo de la izquierda en Brasil iniciado con el derrocamiento de Rousseff. En aquel momento era imposible situarlo en la presidencia, por lo cual el también oscuro político Michel Temer pasó al lugar de la mandataria, en su condición de vicepresidente de la nación.
El futuro presidente y sus jefes de la oligarquía nacional trabajaron de manera muy organizada para ganarse a la mayoría del electorado. Por el se proyectaron los 40 millones de miembros de la iglesia pentecostal de Brasil y los reconocidos analfabetos políticos existentes en la población, un alto número de militares, amén de quienes lo hicieron desengañados por la corrupción de la clase política. Esa es la conclusión de analistas luego de que, para sorpresa del mundo político, en 2016 –precisamente el año del golpe presidencial- Bolsonaro fue a bautizarse en las aguas del río Jordán, en Israel para impresionar a los evangélicos pentecostales.
Como ex capitán y con excelentes relaciones con la casta militar, con el general retirado Antonio Hamilton Mourao como vicepresidente, Bolsonaro ya anunció que liberará el porte de armas de fuego, y dará mayor protagonismo a los uniformados en su gabinete. Al menos cuatro de sus representantes integrarán el consejo de ministros.
Hasta ahora dos nombres muy conocidos ya fueron nombrados: el juez Sergio Moro, que acusó, detuvo, enjuició y condenó al expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, como Ministro de Justicia, y al ultra liberal Paulo Guedes en Economía.
Aunque nadie duda tampoco que tendrá una resistencia del movimiento femenino brasileño –más de tres millones de mujeres se movilizaron en su contra antes de los comicios- de los campesinos, a los que prometió desalojar de las tierras ocupadas por el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra, la clase obrera y otras organizaciones sociales y políticas.
Tampoco hay que olvidar que ese 55,% de la población que le dio su voto no necesariamente sigue su ideología, puesto que en ese porcentaje hay un alto número de personas que los tres mandatos consecutivos del Partido de los Trabajadores (PT) sacó de la pobreza y ahora aparece como una clase media baja. Un sector amplio de los militares brasileños es considerado nacionalista y defenderán al país ante la eventual intromisión de Estados Unidos en áreas consideradas sagradas, como la Amazonía.
Brasil se adentró en un laberinto político con la presencia de Bolsonaro en el Palacio del Planalto. Como el presidente norteamericano Donald Trump, por el que dice sentir ¨gran admiración¨, es un controvertido e inexperto dirigente. Caminos trazados ya tiene, pero en cualquier recoveco puede esperarle a los brasileños, y por ende a América Latina, una desagradable sorpresa del presidente neofascista.