El Himno Invasor

Al compás de esta marcha entró el 24 de febrero de 1899 el General Máximo Gómez a La Habana

Por Félix Rubén Alomá

Era el 15 de noviembre de 1895, en la Patria nacía un himno.

Cuenta  la literatura histórica que en un recorrido de las tropas mambisas dirigidas por el Lugarteniente General Antonio Maceo, arribaron a la finca La Matilde, en el Camagüey que era propiedad de José Ramón Simoni, el padre de Amalia Simoni quien fuera el gran amor de Ignacio  Agramonte.

Allí se encontraba el joven comandante camagüeyano Enrique Loynaz del Castillo.

Según la enciclopedia  Ecured Enrique Loynaz del Castillo en una conferencia dedicada a la Sociedad de Artes y Letras Cubanas, en los salones de la Benemérita Casa de Maternidad y Beneficencia, el día 12 de febrero de 1943, describe cómo surgió el Himno Invasor:

ʻA nadie habíasele ocurrido crear un himno para la tremenda campaña que iba a decidir la suerte de la Patria… En una ventana, blanca y azul, algo distinto leímos: unos bellos versos, bajo el dibujo de una pirámide, coronada por española bandera. Quiso borrarla un compañero: me opuse y lo convencí de que las letras y las artes, bajo cualquier bandera, son patrimonio universal, ajeno a los conflictos de los hombres. En ese momento, sobre la otra hoja de la misma ventana, pinté la adorada bandera de Cuba, y bajo su glorioso palio escribí estos versos, que me esfuerzo en recordar con la exactitud posible a casi medio siglo de distancia…

…Alguna que otra estrofa, innecesaria, escrita en aquella ventana, fue por mí suprimida, o modificada durante la campaña, por no avivar innecesarios odios. En aquel ambiente patrio, caldeado al rojo, los versos de la Invasión, como en seguida los llamaron, fueron como reguero de pólvora…Con la Invasión llegó a Mantua. Y tres años después lo escuchó la capital entre el estampido de los cañones que saludaban la llegada del Ejército Libertadorʻ

Al compás de esta marcha entró el 24 de febrero de 1899 el General Máximo Gómez a La Habana al frente del Ejército Libertador.

En La Habana, los cubanos reciben cierta cantidad de armamento y parque, porque en la mayoría de los poblados los voluntarios se rinden sin resistencia y los entregan. También reciben del pueblo alimentos y ropas, pero sobre todo el recibimiento cariñoso y emocionado.

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