Arte romano en Museo Nacional de Bellas Artes

La institución engalana un patrimonio que está al alcance de todos

Arte romano en Museo Nacional de Bellas Artes

Por: Ana Margarita Sánchez Soler  asanchez@enet.cu

Suele afirmarse con demasiada frecuencia que, fascinados por el esplendor de la cultura griega, los romanos quedaron rendidos a los pies de la erudición del país dominado. También suele recodarse la irónica respuesta de los griegos frente a la conquista romana: encandilarlos con su magnífico quehacer artístico.

Arte romano en Museo Nacional de Bellas Artes

Ambos rostros propios de un mismo fenómeno cultural engloba una consecuencia mayor: el multiculturalismo, por más que en apariencia las apropiaciones marquen el discurso artístico de la civilización romana; ella misma un portento patrimonial.

El Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana cuenta con un magnífico segmento dedicado al arte romano. El mismo se encuentra emplazado en una estupenda sala que exhibe un despliegue museológico donde las piezas aparecen agrupadas por núcleos temáticos, criterio que posibilita un acercamiento a la cultura romana mediante aspectos que la identificaron como El retrato romano, Los dioses, la vida cotidiana, el arte de las provincias y el Culto funerario.

Sabido es que una de las características permanentes de la cultura romana fue su capacidad adaptativa frente a las influencias foráneas, un hecho que notablemente se vio condicionado por la naturaleza guerrera de este pueblo y su estancia prolongada en sitios y rutas de diferentes orígenes, tanto del Oriente como del Occidente.

El conjunto expuesto en la sala de arte griego privilegia una magnífica representación de torsos y retratos romanos que remedan algunos rostros griegos, tanto los esculpidos en la vertiente de arte popular como en la de arte pagano.

Especialmente seductores resultan los mosaicos expuestos, algunos de ellos excelentemente conservados y donde parece haberse practicado una restauración no invasiva que indica los límites del trabajo restaurado y no avanza a otras zonas de las piezas a fin de no agrietar su autenticidad y uso oportuno del material original.

El mosaico es una composición pictórica con propósito decorativo que se crea como sustituto de la alfombra en climas benignos. Los materiales utilizados dependían de la posibilidad ambiental. La piedra cortada –tessellae- característica del mosaico romano se originó durante el período helenístico. Y el museo es afortunado en contar con magníficas piezas, algunas de ellas, perteneciente a una taberna de la ciudad romana de Mérida, España.

Otro de los encantos del inmueble resulta de la atractiva selección de vasos de vidrio soplado, desplegados en un conjunto de alabastros y ungüentaria, fechados de la época imperial, siglos I-II. Ejemplares bellamente realizados con técnicas tales como el pellizcado y los hilos de vidrio.

Sin dudas, la colección de arte romano, flanqueada a su vez por su vecina, la colección de arte griego, es otro de los conjuntos armoniosos con que el Museo engalana un patrimonio que está al alcance de todos en la ya mítica sala de Arte Antiguo del Edificio de Arte Universal.

 

 

 

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