Tres caravanas de emigrantes pueden coincidir en México
Amenazas de represión armada de Trump no detiene a centroamericanos

Por: Mariela Pérez Valenzuela
Más de cinco mil centroamericanos, integrantes de la llamada caravana de la pobreza, se mantienen en Ciudad de México, donde esperan reunirse con el presidente electo Andrés Manuel López Obrador antes de decidir si siguen su camino a pie rumbo a Estados Unidos.
El actual gobierno mexicano presidido por el saliente Enrique Peña Nieto les ofreció empleo, pero solo en dos Estados. Sin embargo, funcionarios de Emigración indicaron que los recién llegados pueden acogerse a las leyes que permiten su tránsito por cualquier lugar del territorio nacional.
Procedentes de Honduras, Guatemala y El Salvador, este primer grupo de las tres columnas (dos de ellas en movimiento desde esas naciones), está alojado en el centro deportivo Jesús Molina, de la capital mexicana, donde reciben atención médica y diferentes servicios de organizaciones humanitarias y voluntarios.
La salida masiva de ciudadanos, solos o familias enteras el pasado 12 de octubre desde Honduras y acrecentada a su paso por Guatemala, es un hecho insólito en la historia de la emigración forzosa en ese triángulo geográfico, inmerso en la miseria, la corrupción y la criminalidad.
Es común que los centroamericanos abandonen sus países en pequeños grupos y crucen fronteras mediante el pago a los llamados coyotes, individuos que se dedican al tránsito ilegal de personas, una peligrosa acción que puede culminar con la muerte de los viajeros.
Por el alto número de integrantes, esta es la primera vez que ocurre un éxodo de tal magnitud, que puso al desnudo el desastre que ocurre en sus países de origen.
En estos momentos, otras columnas de caminantes se encuentran en los estados mexicanos de Oaxaca, una, y dos en el de Chiapas, también en busca de llegar hasta la frontera que los separa de Estados Unidos (EE.UU.), a pesar de que el presidente de ese país, Donald Trump, aseguró que no los dejará pasar por tratarse, dijo, de delincuentes.
Funcionarios del Departamento de Emigración en México informaron que los primeros caravaneros llegados a la ciudad capital esperan encontrarse con el Mandatario electo para escuchar sus presuntas propuestas de trabajo y seguridad en esa nación que comienza una etapa política histórica a partir del próximo día 1, cuando asuma el líder izquierdista.
Sin embargo, una mayoría de los emigrantes insisten en llegar a Estados Unidos, quizás ignorando que los espera un pasaje peligroso en el que sus vidas están amenazadas.
El jefe de la Casa Blanca ordenó poner en marcha la llamada Operación Patriota Fiel –sin que se entiendan las razones de tal nombre- en la que participarían hasta 15 mil soldados fuertemente armados.
Si le tiran una piedra a las fuerzas de defensa les responderemos con balas, amenazó Trump hace pocos días cuando utilizaba su rechazo a los centroamericanos como parte de su campaña en las elecciones de término medio celebradas el pasado día 6.
Con esa actitud, intentó captar el voto de republicanos que consideran a los emigrantes sus enemigos, aunque se trata de personas que huyen de la insoportable situación política y socio-económica existente en sus países.
“Nuestro ejército está siendo movilizado en la frontera sur. Muchas más tropas están llegando. NO permitiremos que estas Caravanas, que también están formadas por algunos matones y pandilleros muy malos, ingresen a Estados Unidos. Nuestra frontera es sagrada, deben ingresar legalmente. ¡DEN LA VUELTA!“, escribió Trump en un tuit la pasada semana.
La zona fronteriza entre México y la gran potencia norteña está bloqueada por altas cercas de alambres de púas, vallas y la soldadesca en zafarrancho de combate contra supuestos enemigos entre los que abundan niños, ancianos y mujeres además de jóvenes que esperan triunfar en su iniciativa.
La respuesta de Trump a la desesperación que su gobierno y otros que le precedieron crearon en Centroamérica con la imposición de presidentes corruptos –con excepción de la actual dirección salvadoreña- se hace más visible en la frontera con Texas, Arizona y California, por donde se supone intentarán penetrar los caminantes.
Aun no se ha definido por los emigrantes, que pueden llegar a 7 000 si todos se reunirán en Ciudad de México, donde hay condiciones para que descansen antes de decidir si aceptan los ofrecimientos locales o continúan su camino.
Mientras, la actitud del controvertido mandatario norteamericano recibe críticas de sectores militares norteamericanos.
“Estados Unidos no necesita que sus militares se defiendan contra un grupo de migrantes desarmados, incluidas muchas mujeres y niños”, escribió David Lapan, exmilitar y exportavoz de Seguridad Nacional de la administración Trump.
Will Fischer, un exmilitar que ahora trabaja para VoteVets, una organización de veteranos progresistas, dijo que estaba claro que el presidente estaba pensando en la política más que en la seguridad nacional.
“Donald Trump considera que las personas desarmadas que huyen de los horrores y aún están a cientos de kilómetros de distancia son una amenaza para la seguridad nacional. No lo creo”.
Mientras, protegidos del sol y del hambre, los emigrantes esperan en un estadio mexicano al resto de quienes prefirieron caminar miles de kilómetros para alejarse de situaciones insostenibles para la vida humana.