Omara siempre es apuesta y verdad

Sus tonos son los de una niña que juega a detener el tiempo, su rostro el de una leyenda despojada de los egos. Cada paso reposado recuerda a los que cargan la sabiduría del oficio

Omara siempre es apuesta y verdad

Por: Ana Margarita Sánchez Soler  asanchez@enet.cu

El talento hace al artista, de hecho, tener la gracia para deleitar el gusto ajeno es probablemente la verdadera luz de todo creador. Quien lo consigue pudiera ser llamado talentoso. En el caso de Omara Portuondo la capacidad de conmover a otros está probada.

A ello súmese la experiencia; porque si bien un artista se mide por la dimensión de su obra, también cuenta la fortaleza del espíritu, la capacidad de permanecer, de mutar, de rebasar al tiempo.

Omara Portuondo recién cumplió sus 88 años y no encontró un espacio mejor para celebrarlo que el escenario. El Teatro Martí acogió la presentación de su fonograma Omara siempre. El disco producido por Alain Pérez está nominado al Grammy Latino. Los arreglos de Pérez puestos en función de la gran Omara, cimentan una producción discográfica de lujo.

Los que asistieron a la velada el pasado 28 octubre encontraron ese germen que habitaba en canciones de los años 50’ cuando la diva integraba el cuarteto de Orlando de la Rosa o más tarde las Dʻ Aida.

Así como se transforma todo ante el inefable tiempo, la voz de Omara ha cambiado: ahora tiene los colores espléndidos de una madurez forjada con casi infinitas canciones. Sus tonos son los de una niña que juega a detener el tiempo, su rostro el de una leyenda despojada de los egos, cada paso reposado recuerda a los que cargan la sabiduría del oficio.

Omara es tan artista y tan cantante como el día que dejó escapar la primera nota frente a cualquier público. ¿Quién puede siquiera recordarlo? Ya eso no es importante. Cuando alguien se convierte en la historia musical de un país, los detalles se difuminan, las esencias prevalecen.

Más de ocho décadas lleva consigo; las suficientes para perpetuar su nombre en lo más virtuoso de nuestra música. Pareciera que Omara desconoce su grandeza. No hay distancias entre ella y su gente. Omara se escapa de elitismos, sofisticaciones, artificios vanos. Se sienta en su butaca con ademán criollo y canta como un sinsonte de palmar o de barrio.

Cuba la ha visto crecer; se ha alimentado con su voz. Hoy como antes, esta isla corresponde en cariños a la Portuondo como señal de afecto reciprocado. Hace mucho que Omara y Cuba son de un mismo material; tienen igual canto.

Insisto: el talento es la columna vertebral de todo arte. Pero el artista más genuino no se conforma con las destrezas o las gracias naturales; se abre paso con actitudes y gestos.

Omara siempre, es más que un título para el disco. Significa una apuesta y una verdad.

 

 

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