Una vida al servicio de la cultura

Gracias a esa vida consagrada a la forja de valores, Ramón Silverio está colmado de vitalidad y confiado en nuevas utopías
Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu
Cual Quijote ristre en mano, Ramón Silverio, el guajirito de monte adentro, santaclareño por más señas, es un hombre de férrea voluntad y fina sensibilidad. Gracias a esos atributos ha podido llegar hasta nuestros días con el orgullo de haber contribuido decididamente a la forja de una institución cultural popular en Santa Clara y en la isla toda, conocido como El mejunje.
Mejunje, voz con la cual el cubano identifica la pócima de origen campesino obtenida en base a la mezcla de diferentes tipos de hierbas, fue el nombre con que se bautizó lo que hoy se considera uno de los primeros proyectos inclusivos de la Revolución.
Líder natural, Ramón Silverio siempre ha compartido una filosofía de vida válida para el arte: “Unir siempre, nunca discriminar. Sumar es más gratificante”. Desde esa dimensión humanista ha podido afrontar incomprensiones y prejuicios, a intolerantes y mojigatos, a burócratas de toda laya… Pero el resultado de su amor siempre se ha impuesto por encima de cualquier pesadilla.
Al nacer El mejunje en el lejano 1984, brotaba un espacio de creación y libertad para el arte y el ser humano, como su máximo protagonista. Se configuraba así un proyecto inclusivo donde cabían por igual hombres y mujeres, blancos y negros; gente a la que podía gustar el rap, el rock, el bolero, la salsa, sin que ello significase diferencia alguna.
Tras una azarosa vida itinerante por diferentes espacios que contemplaron sedes como la del Teatro Guiñol de Santa Clara, el patio de la Biblioteca Provincial José Martí y la escuela Santa Rosalía, en la misma ciudad; logró asentarse definitivamente hasta el día de hoy en lo que fueran las antiguas ruinas del Hotel Oriente.
De entonces a la fecha ha llovido mucho… Sin embargo, desde los orígenes de este movimiento cultural, no faltó la batalla de temas por la defensa de un principio cardinal, la cultura de resistencia. Así el hoy Centro cultural pasó por diferentes etapas que marcaron la promoción artística en el territorio villaclareño, como un espacio de respeto a la tolerancia frente a lo diverso desde lo étnico, lo etnográfico y en sentido general lo artístico-humano. Allí nacieron o se consolidaron grupos de teatro, pasarelas de moda, círculos de amantes del cine, hasta espacios lúdicos concebidos para el público infantil, el cual ocupa hasta la actualidad un merecido lugar mediante talleres de creación.
Gracias a esa vida consagrada a la forja de valores, Silverio llega a sus primeros 70 años de vida cumplidos hace algunas semanas colmado de vitalidad y confiado en nuevas utopías que cada vez lo van siendo menos, gracias a la comprensión y apoyo de muchos seguidores en Cuba y fuera de la Isla.
Con tal arriendo de experiencia, el querido promotor cultural santaclareño seguramente sumará nuevas sorpresas a la ya legendaria vida de una institución que nació para perdurar como entidad configurada con “todos y para el bien de todos” los cubanos.