Lun. Sep 16th, 2019

La batalla por Brasil en las urnas

El izquierdista Haddad y el ultraderechista Bolsonaro disputan la presidencia

Foto: Internet

Por: Mariela Pérez Valenzuela

Este domingo, en unas elecciones consideradas históricas, dos políticos de ideologías opuestas, el izquierdista Fernando Haddad y el ultraderechista Jair Bolsonaro, se enfrentan en balotaje por la presidencia de la nación con la mayor economía de América Latina y El Caribe.

Las tendencias indicaban la víspera que el mayor número de posibles votos –según últimas encuestas- favorecen a Bolsonaro, un ex capitán del Ejército, con más de 28 años como Diputado Federal, considerado misógino, defensor de la tortura y del papel preponderante de los militares en su gobierno, en el que no oculta su discriminación por los negros, las mujeres y los homosexuales.

Con esas credenciales, capaces de aterrorizar a cualquier persona, el ex diputado, sin embargo, casi gana el Palacio de Planalto durante la primera vuelta celebrada el pasado 7 de octubre ante un Haddad que solo tres semanas antes había sido designado como sucesor del ex mandatario Luiz Inacio Lula da Silva en las boletas.

Académico, ex ministro de Educación de los dos mandatos de Lula, ex alcalde de Sao Paulo, debió esperar hasta que el Supremo Tribunal Electoral decidiera que el ex presidente, quien cumple una condena de 12 años y un mes en Curitiba como resultado de un juicio considerado fraudulento, quedaba inhabilitado para presentarse en los comicios.

Es decir, mientras Bolsonaro, del raquítico Partido Social Liberal estuvo en activo durante casi toda la campaña electoral –el 6 de septiembre un enfermo mental lo acuchilló y estuvo hospitalizado 10 días- Haddad, sucesor de Lula por el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), solo tuvo tres semanas para desarrollar su cruzada popular en la primera fecha, el pasado día 7, y luego otras tres previas a la decisión de este día 28.

Son pocos los analistas que consideren un triunfo de Haddad, aunque después de las últimas presentaciones del ultraderechista –que se negó a participar en los debates preelectorales en la televisión- sus índices se redujeron en algunos puntos que favorecen a su oponente.

Mientras hubo esperanzas de que Lula fuera autorizado a postularse, Bolsonaro carecía de oportunidades. Más del 30% de eventuales votantes favorecía al ex dignatario, dado como ganador de los comicios incluso en primera vuelta.

Algunos especialistas consideran que este individuo, que recibió una amonestación en el Congreso Nacional por su postura fascista, era la figura que precisaba la oligarquía brasileña para mantener en el Planalto un régimen de derecha que responda a los intereses del gran capital y continúe el plan de reversión al conservadurismo y su sistema neoliberal.

Desde 2016, cuando el entonces vicepresidente Michel Temer orquestó con el Legislativo y el Judicial la impugnación y derrocamiento de la presidenta petista  Dilma Rousseff, y ocupó su lugar, Brasil ingresó en la relación de países que cambiaron su estructura política progresista.

Desde entonces, y siguiendo un plan pensado en la medida que Rousseff resultó derrotada sin pruebas conclusivas, la derecha brasileña sabía que tenía que encontrar un político capaz de darle continuidad al resultado del golpe de estado parlamentario de hace dos años. Y ese fue Bolsonaro. De lo contrario, Lula volvería por la puerta ancha a la jefatura del gobierno.

Expertos de tendencia izquierdista han hecho decenas de análisis sobre el por qué los brasileños favorecerían hoy en las urnas a un individuo que anunció la posibilidad de una intervención castrense si él lo considera necesario. Es decir, un autogolpe de Estado para que gobiernen los militares.

Los brasileños, como muchos otros pueblos, tienen al parecer memoria débil, ya que (aunque no sea en un ciento por ciento) olvidaron los cambios efectuados durante los 13 años consecutivos de gobierno del PT, en el que 28 millones de personas dejaron atrás la pobreza y engrosaron la clase media.

Universidades para jóvenes pobres, salud y educación gratuitas (aunque no hubo privatizaciones), programas como “Mi Casa, mi vida”, que entregó seis millones de viviendas a personas llamadas ¨sin techo¨, entrega de tierras estatales improductivas, crecimiento inclusivo, prestigio mundial.

Lo que sí recuerdan es el destape de corrupción en la empresa petrolera Petrobras después que Lula ordenara su auditoría, y en el que cayeron algunos dirigentes del PT, los altos costos del Mundial de Fútbol, la caída de la economía en época de Rousseff, derivada fundamentalmente de la crisis mundial del capitalismo, y la separación del PT de sus bases militantes.

Errores hubo, pero no al extremo de castigar un Partido porque alguno de sus dirigentes haya cometido deslices, olvidando que cuando derrocaron a Rousseff más de la mitad del Congreso Nacional estaba indicado como corrupto, y no precisamente de las bancadas izquierdistas o progresistas, al igual que el Judicial. En ese enorme grupo estaban Temer y varios de sus ministros y allegados políticos, como el jefe de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha.

Las tendencias indicaban que Bolsonaro hasta la víspera mantenía cinco puntos porcentuales por encima de Haddad.

Queda la posibilidad que a última hora un 17% de personas indecisas –según indicó la encuestadora Vox Populix-, entreguen su voto al ex alcalde paulista.

Algunos politólogos, como el argentino Atilio Borón, señalaron en un artículo que el triunfo de Bolsonaro ¨es una crónica anunciada¨, quizás pensando en que todas las esperanzas están perdidas. En la primera ronda, el ultraderechista no ganó solo por tres votos porcentuales, pues llegó a un 47% de favoritismo, algo que causó gran sorpresa a pesar del controvertido camino del PT hasta designar a Haddad como su candidato.

Quienes cometan el histórico error de confiar en este nuevo títere de Estados Unidos y de la oligarquía nacional – controvertido y con ideas a veces absurdas- luego tendrán cuatro años para recapacitar, como lo hacen ahora los argentinos, ahogados en deudas con el Fondo Monetario Internacional, y declarando públicamente que se equivocaron en las urnas.

Como Bolsonaro, el presidente de Argentina, Mauricio Macri, prometió cambios y recuperación de empleos, llegada de inversiones extranjeras y hasta la luna a quienes ahora sienten sobre sí el yugo de la miseria, el hambre, las deudas, la pobreza extrema. Pero como bien dice el dicho, ¨nadie escarmienta por cabeza ajena¨. Ojalá prime la cordura en Brasil este domingo.