El tiro por la culata

Cuba no se rinde, ni se rendirá  jamás; en esta ocasión, como será siempre, se enfrentó con gallardía a quienes se escondieron detrás de los colores de la ONU para agredirla

El tiro por la culata

Por: Aida Martínez López   

No hay dudas de que el 31 de octubre los  Estados Unidos van a sufrir nuevamente una tremenda derrota en  las propias Naciones Unidas, cuando tenga lugar el voto mundial contra el bloqueo que mantiene sobre Cuba por más de 50 años. Incluso muchos aliados de los Estados Unidos reconocerán nuevamente la ilegalidad de la ya histórica criminal agresión.

La administración del presidente Donald Trump tenía  que  buscar cómo atacar a nuestro país, en esta ocasión acudió al manido tema  de los derechos humanos y los supuestos presos “políticos” en Cuba.

Por  supuesto que es antirreglamentario usar a la Organización de Naciones Unidas (ONU) para una reunión de este  tipo, por lo que debió catalogarse como “extraoficial”.

¿Quiénes formaban parte de la mesa organizadora?

  • La embajadora Kelley E. Currie, representante de los EE.UU. ante el Consejo Económico y Social de la ONU, quien pronunció las palabras introductorias;
  • Michael G. Kozak, oficial superior del Departamento de Estado para la Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, quien llevó la voz cantante durante toda la agresiva sesión;
  • Carlos Quesada, quien fue presentado como director del Instituto de la Sociedad Civil por los Derechos Humanos, habló en inglés con mucho énfasis en las leyes de Cuba, discutiendo el término “desacato” y otros;
  • Luis Almagro, el despreciable secretario general de la OEA, quien habló en español, dedicándole su vitriolo tanto a Cuba como a Venezuela, acusando a la Isla de dirigir los órganos de seguridad del país hermano y atacando a la República Bolivariana;
  • Y dos contrarrevolucionarios, uno de ellos sentado en la mesa junto a Carlos Quesada.

Desde el inicio del acto se escuchaban las consignas de “¡Cuba sí, bloqueo no!” que prácticamente hacían imposible escuchar a los oradores que vociferaban  contra Cuba. La  protesta  era fuerte, con argumentos, con fotos ampliadas de los abusos policiales, de las torturas a prisioneros en Abu Ghraib y en Guantánamo. Muchas muestras de la brutalidad y el irrespeto estadounidense por los DD.HH. se alzaron allí para que quedara claro que eso era una farsa hipócrita y que ninguna amenaza iba a parar la protesta.

Luis Almagro, dijo muchas cosas, todas falsas. El abucheo era fenomenal y clamoroso, con gritos de “¡Eso es falso!”, “¡Son pagados desde la Florida!”

El embajador Kozak dijo que suspendería  la ronda de preguntas y respuestas porque las protestas contra el show anticubano lo impedían. Unos minutos más tarde, los defensores de Cuba seguían ripostando esta abierta provocación contra nuestra  patria soberana. Kozak se aconsejó y dio fin a la sesión.

Cuba no se rinde, ni  se  rendirá  jamás; en esta ocasión, como  será  siempre, se enfrentó con gallardía a quienes se escondieron detrás de los colores de la ONU para agredirla. El  día  31  volverán  a  morder  el  polvo  de la  derrota.

 

 

 

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