Las estatuas de la Plaza de Armas

El 27 de febrero de 1955 se coloca en el centro del parque,  esculpida en mármol blanco,  la figura del hombre de Yara y de La Demajagua, considerado el Padre de la Patria 

Foto: Habana radio Carlos Manuel de Céspedes: Símbolo del alma cubana noviembre 23, 2011 Por: Magda Resik Aguirre

 

Por: Félix Rubén Alomá

No son pocos los que visitan la capital de Cuba y después opinan que no pertenece al mundo real, es un punto y aparte de todo.

Pero La Habana es real con una rica historia. Sí se revisan bibliografías, cada rincón  guarda una historia que debe conocerse por los lugareños en primer lugar y por los que deciden saber.

El Historiador de la ciudad Eusebio Leal ha expresado: La salvación está en observar no solamente la historia de los individuos, sino la historia de los procesos…

Diseñada en 1519, sólo cuatro años después de la fundación de la  villa la calle Obispo te lleva  a una plaza que fuera en tiempos de la colonia su centro administrativo:la Plaza de Armas

En el tiempo de la colonia en el centro cuando gobernaba la isla el Capitán General Don Miguel de Tacón se encontraba la estatua del Rey Borbón Fernando VII, obra del escultor Antonio Solá.

Algunos cubanos y cubanas de la vanguardia revolucionaria de la época decidieron sustituir la imagen del Rey por la del patriota cubano.

En 1953 se celebró un concurso entre artistas cubanos, el escultor Sergio López Mesa, quien resultó ganador, se le dio el encargo de la estatua de Carlos Manuel de Céspedes y López del Castillo

El 27 de febrero de 1955 se coloca en el centro del parque esculpido en mármol blanco la figura del hombre de Yara y de La Demajagua, considerado el Padre de la Patria vestido elegantemente, como el día de su muerte, con sus mejores galas, mirando al futuro.

Sin embargo, no se destruye la de Fernando VII y deciden guardarla en el Museo. En años posteriores volvió a la plaza, a un lugar más discreto, justo al lado del Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto Cubano del Libro y del Castillo de la Real Fuerza.

Al respecto  el Doctor Leal refiere en el artículo: Cuando a mí se me presentó el dilema en el momento de la restauración de la Plaza de Armas – donde se rescataban las esencias de la plaza original -, era imposible en nombre de ningún principio, recolocar la de Fernando VII.  Quizás, de haber ocurrido el debate hoy, la estatua a lo mejor estaría ahí, porque Céspedes ya pertenecía a todos los cubanos y merecía y merece un monumento mayor.

Nosotros volvimos a colocar entonces la de Fernando VII en un ángulo de la plaza, con la misma lápida que el Doctor Roig redactó para su exhibición posterior, y que lo explica todo. No hay quien pase por la Plaza de Armas que no se detenga a leerla. Es una lección permanente que mi predecesor nos dio a todos, porque es preferible explicar los monumentos y la historia, y no ocultarla.

Fuentes Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler

 

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