Cómo funciona el cerebro de los indecisos

El cerebro de estas personas pospone lo importante constantemente y está trabajando en su contra. Se debe a un fenómeno llamado efecto de urgencia

M.Sc. Dr. Alberto Quirantes Hernández *

Las personas muy perfeccionistas, indecisas, perezosas o quienes sienten miedo a  fracasar adoptan el criticable hábito de posponer sus decisiones de comenzar una tarea. Se mueven en zonas seguras o de confort, la de todos los días.

Posponer asuntos pendientes dejando para otro día lo que hoy pudiera hacerse o tan siquiera comenzarlos, es una mala costumbre y se le conoce como procrastinación.

La palabra proviene del latín pro, adelante, y crastinus, referente al futuro. Para muchos inseguros y cobardones, convierten en  un hábito el retrasar o paralizar decisiones, muchas veces importantes, sustituyéndolas por otros planes más agradables y a cortos plazos rutinarios y mediocres o simplemente por la inacción total. Sencillamente no se atreven a avanzar en la vida, ni conquistar grandes metas.

Mi cerebro no me ayuda

El cerebro de estas personas pospone lo importante constantemente y está trabajando en su contra. Se debe a un fenómeno llamado efecto de urgencia.

El cerebro humano, en general tiende a dar prioridad a la satisfacción inmediata por encima de las recompensas a largo plazo, aun a costa de sacrificar grandes beneficios.

Estas personas a la hora de procrastinar hace que los sujetos realicen las tareas urgentes más pequeñas, en ocasiones con una fecha límite en lugar de las tareas más importantes, pero sin un límite de tiempo inmediato, aunque la opción de realizar la tarea urgente es objetivamente menos rentable, en términos de reconocimiento, ascensos o dinero, que ejecutar la más grande y gananciosa.

Un carácter débil

Tomar decisiones o ponerse en acción para alcanzar nuevos y más ambiciosos objetivos puede asociarse con estrés, trabajo fuerte o cambios radicales en la vida.

Por lo tanto la procrastinación suele utilizarse ante futuras tensiones psicológicas, físicas o intelectuales. En estos casos lo importante, erróneamente es pospuesto por una supuesta tranquilidad. Las personas tal vez elijan realizar tareas urgentes con periodos breves de término, en vez de actividades importantes con resultados más positivos, como puede ser terminar un informe irrelevante o ir a pagar la luz.

Para unos las tareas relevantes son más difíciles, para otros imposibles y la meta de realización está más lejos; porque los pendientes urgentes dan resultados seguros e inmediatos, o porque la gente desea terminar las tareas urgentes primero y después, si acaso, trabajar en quehaceres importantes. Desconocen que la administración del tiempo, nuestras apreciadas 24 horas sabiamente administradas, alcanzan para todo, incluidos pasar buenos momentos.

De eso se trata cuando hay tareas de por medio. Incluso existen personas que sin tareas inmediatas a realizar, su falta de decisión y un miedo irracional al fracaso, los paraliza y no avanza en la vida. Son los etenos mediocres.

Aunque sepan que una actividad más grande y menos urgente es mucho más trascendental y rentable, instintivamente escogen llevar a cabo tareas más pequeñas e irrelevantes y para ellos, urgentes.

* Master en Ciencias y Profesor Consultante

  Jefe del Servicio de Endocrinología

  Hospital Docente Dr. Salvador Allende

  La Habana – Cuba

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