Mariano Gutiérrez Lanza: brilló como sacerdote, meteorólogo y cubano

Llegó a ser Miembro de Mérito de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, además de destacarse en el pronóstico y estudio de los grandes huracanes

Por Carlos Heredia Reyes

Mariano Gutiérrez Lanza, prominente sacerdote y científico nacido en España el 26 de junio de 1865, arribó en 1891 a Cuba, donde fundó la primera estación sismológica que hubo en la región del Caribe.

Su nombre fue “La Asunción”, estuvo ubicada en la quinta del mismo nombre en la barriada de Luyanó, en La Habana, y se inauguró el 3 de febrero de 1907, estación que años después, aún se mantenía como la única existente en el área geográfica centroamericana.

Además, Gutiérrez-Lanza fue también el primero en observar, en el cielo habanero, mediante el empleo de un telescopio, al famoso cometa Halley en mayo de 1910.

Dirigió el Observatorio del Colegio de Montserrat (actual provincia de Cienfuegos, 1920) y posteriormente la del Observatorio de Belén (1924). Con ese cargo participó en congresos científicos internacionales e integró numerosas comisiones oficiales para estudiar asuntos tan trascendentes y disímiles como el primer congreso de ciclonología tropical proyectado en Cuba, o una controvertida reforma del calendario gregoriano.

Tal cual refiere uno de sus biógrafos, Luis Enrique Ramos Guadalupe, miembro fundador de la Sociedad Meteorológica de Cuba, desde entonces su nombre fue pronunciado con admiración y respeto por cientos de miles de cubanos y españoles, además de sustentar una fama que le acompañó hasta después de su muerte, al estar vinculado a decenas de pronósticos meteorológicos, informaciones sobre temas científicos remitidas a la prensa plana de la época y trabajos de investigación presentados en la Academia de Ciencias de La Habana.

Por mantener la acuciosa vigilancia y seguimiento de 33 temporadas ciclónicas consecutivas, con notorios resultados en el pronóstico de grandes huracanes (de 1910, 1917, 1919, 1924, 1926 y 1932) además de otros muchos aportes, el padre jesuita Mariano Gutiérrez Lanza ocupa un sitio prominente en la meteorología nacional, escribió el 3 de diciembre de 2015 el colega Orfilio Peláez, en el diario Granma.

En una entrevista realizada a Luis Enrique Ramos Guadalupe, también director de Patrimonio de la Academia de Ciencias de Cuba, sobre su libro: Mariano Gutiérrez-Lanza. Centinela de huracanes, señala que este se hace meteorólogo porque viene a Cuba, pues en España no hay huracanes.

“Allí tal vez se hubiera dedicado a la enseñanza (…). Fue meteorólogo porque lo obligó la necesidad de dar continuidad a la obra de otros meteorólogos que le antecedieron en el Colegio de Belén, donde él vivió, destinado como profesor y donde había un observatorio meteorológico muy famoso.

Cuenta Ramos Guadalupe que por elaborar el pronóstico y enviarlo a los periódicos el Observatorio no cobraba nada, y por esa vocación de servicio que caracteriza o debe caracterizar a los sacerdotes, se asumió esa colaboración con el objetivo de hacer bien a sus semejantes, de prevenirlos del impacto de los huracanes.

“Muchos de nosotros no podremos saber si hoy existimos gracias a que un antepasado nuestro se salvó de un huracán y sobrevivió, gracias a los avisos de ciclón tropical emitidos por Mariano Gutiérrez-Lanza”, precisó el experto.

Figuró asimismo en la relación de voluntarios del Colegio de Belén que se ofrecieron para inocularse la forma atenuada de la fiebre amarilla en los experimentos de Finlay, y escribió la primera cronología de ciclones tropicales en Cuba, que incluyó los datos de las afectaciones.

El 24 de diciembre de 1943 muere en el Colegio de Belén, a los 78 años, luego de haber trabajado en nuestro país por espacio de 52 años.

Al decir de Ramos Guadalupe “a Gutiérrez-Lanza las circunstancias lo hicieron primero sacerdote, luego meteorólogo, y después cubano”, a lo que agregamos que en esas tres facetas brilló extraordinariamente en beneficio de la humanidad.

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