Cuando la abolición de la esclavitud fue una medida bien revolucionaria

Cuba fue una de las primeras colonias a las que llegaron los esclavos africanos, motivado por la extinción de la población indígena y la creciente necesidad de explotar las tierras conquistadas

Por Carlos Heredia Reyes

El período comprendido desde finales del siglo XVI hasta principios del XVII se considera la etapa de introducción de la esclavitud africana en Cuba.

Ante la falta de fuerza de trabajo para continuar la colonización, los españoles comenzaron a traer pequeñas cantidades de esclavos africanos a través de la Real Compañía de Comercio de las Indias, al mismo tiempo que realizaban esporádicas compras a comerciantes negreros ingleses.

Pronto estas cantidades resultaron insuficientes producto del desarrollo de las plantaciones de azúcar y café.

Como afirmara el 10 de octubre de 1968 el Comandante en Jefe Fidel Castro en la velada conmemorativa por el centenario del inicio de las guerras independentistas, llegó a ser “una masa considerable de esclavos, traídos de manera criminal a nuestra tierra para explotarlos despiadadamente cuando ya los explotadores habían aniquilado virtualmente la primitiva población aborigen de nuestro país”.  

Muchos amos sometían a sus esclavos al maltrato, cualquier falta cometida se castigaba brutalmente, se les llevaba al cepo donde se les aplicaban azotes sin piedad alguna, los situaban boca abajo en el suelo ante los demás, para que presenciaran el cruel castigo, con la intención de asustarlos para que no volviesen a cometer más faltas.

En ocasiones permanecían allí días y noches. En los ingenios cubanos fueron muy frecuentes estos instrumentos de tortura.

Otro castigo muy utilizado era la aplicación de grilletes que se les colocaban en los tobillos y que el esclavo debía arrastrar, a veces con una gruesa cadena de la cual pendía una bola de hierro, la cual les impedía huir y causaba profundas llagas que ulceraban sus miembros.

Lo cierto es que el espíritu de rebeldía, el deseo de ser libres y de enfrentarse a tanta injusticia generó no pocas rebeliones y revueltas, que terminaron con la masacre y otros actos brutales hacia sus protagonistas.

Ellos fueron, junto a los indios esclavizados, quienes constituyeron, en montañas, cuevas y ciénagas, los primeros baluartes contra la opresión colonialista y crearon las condiciones para la ulterior Guerra de los Diez Años, en la que los palenques afrocubanos se unieron al Ejército Libertador.

Pero además de ser valioso su aporte a la gesta libertadora, los negros africanos contribuyeron a enriquecer la música nuestra, la poesía, el folklor; sus músculos fueron decisivos para convertir a Cuba en la azucarera del mundo, en hacer transitable toda su geografía, en levantar villas y ciudades.

La contribución de las naciones y tribus africanas en la formación de nuestro pueblo y de su cultura es decisiva.

Congos, lucumíes o yorubas, mandingas, carabalíes y otros se mezclaron con el tronco formado por los pueblos ibéricos: castellanos, andaluces, gallegos, catalanes, vascos y otros, que a su vez se juntaron con la sangre taína y siboney y después con yucatecos y chinos y otros tantos pueblos, el francés entre estos, para formar lo cubano.

Al fundirse la sangre de negros y blancos surgió el mulato, el cubano lleva el color de la futura nacionalidad; de los ritmos hispánicos fundidos aquí con los de África emergió la música afrocubana; de la influencia recíproca de la literatura oral de los negros y de la literatura escrita de los blancos, brotó la poesía de Ballagas y Guillén; del choque de la religiones del “Continente negro” con las creencias cristianas se sincretizaron los mitos y los ritos de unos y otros.

Llegaron los tiempos en que se discutía fundamentalmente el problema de la esclavitud. Y los terratenientes, los ricos, la oligarquía que dominaba en nuestro país, bien española o bien cubana, estaba poseída de un enorme temor a la abolición de la esclavitud. Por todo esto Fidel en su discurso del 10 de octubre de 1968 subrayó:

“Y hoy tal vez pueda parecer fácil aquella decisión, pero aquella decisión de  abolir la esclavitud constituía la medida más revolucionaria, la medida más radicalmente revolucionaria que se podía tomar en el seno de una sociedad que era genuinamente esclavista. 

 “Por eso lo que engrandece a Céspedes es no solo la decisión adoptada, firme y resuelta de levantarse en armas, sino el acto con que acompañó aquella decisión —que fue el primer acto después de la proclamación de la independencia—, que fue concederles la libertad a sus esclavos, a la vez que proclamar su criterio sobre la esclavitud, su disposición a la abolición de la esclavitud en nuestro país…”, expresó el líder de la Revolución cubana.

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