Los mitos detrás del mármol

La calle Prado, una de las más populosas en el territorio habanero, tiene el privilegio de albergar la Fuente de la India

La llamada Fuente de la India no es el único nombre que posee, también fue distinguida como Fuente de la Noble Habana.

Por: Ana Margarita Sánchez Soler  asanchez@enet.cu

Esta ciudad nuestra está repleta de encantos. A veces el ritmo acelerado de la vida nos impide reparar en ellos. Desandamos los mismos caminos una y otra vez obviando en ocasiones la presencia de monumentos o tarjas. Cada obra escultórica emplazada en las calles de la capital contiene cúmulos de historias y hay que saber hallarlas.

La calle Prado, una de las más populosas en el territorio habanero, tiene el privilegio de albergar la Fuente de la India. Muchos conocen por tal nombre a esa obra que combina el arte de la escultura con la ingeniería. En cambio ese no es el único nombre que posee, también fue distinguida como Fuente de la Noble Habana.

Ambos títulos nos acercan a los antecedentes históricos que sostienen esta pieza de Giuseppe Gaggini. El escultor italiano tomó como referente un personaje que procede de los mitos de origen primitivo. Se trata de la india Habana que, según ciertas leyendas, unió su vida a la del cacique llamado Habaguanex.

En 1837 quedó congelada la expresión de una mujer cuya existencia nadie puede asegurar y su silueta permanece en el imaginario de muchos debido a esta obra. Es innegable que las leyendas calan hondo y cada época encuentra sus modos para dejar rastros de ellas. Aunque por tradición oral han llegado muchas, la fuente patentiza al ejercicio escultórico como efectivo modo de traspasar historias.

Con altura aproximada de tres metros, esta alegoría a las civilizaciones indígenas cubanas también se integra de otras figuras. Cuatro delfines y algunas conchas acompañan a la india Habana creando un conjunto de estructuras que bien recuerdan nuestra condición de insularidad.

Como una guardiana del Prado esta mujer de mármol alza su corona emplumada esperando la atención de transeúntes. Nos mira y expande el hechizo de míticas historias amorosas. Algunos conocen la pasión por su amado y convencidos dan fe de ella, otros prefieren construir nuevas fábulas. Lo esencial radica en dejarse seducir y reverenciarle con el gesto de una mirada.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *