Situación difícil en Nicaragua

Suspenden diálogo nacional, mientras continúa la violencia terrorista

Nicaragua vive una violencia contrarrevolucionaria de proporciones inusitadas y sin un motivo.

Por: Mariela Pérez Valenzuela

La suspensión del diálogo nacional entre el gobierno y la oposición, con la Conferencia Episcopal como mediadora, da carta abierta a la violencia terrorista que desde el pasado 18 de abril tiene como consigna la renuncia incondicional del presidente constitucional Daniel Ortega.

La pasada semana, la Conferencia terminó de manera unilateral con las conversaciones, ya que, dijo, no había consenso para continuar.

Las primeras manifestaciones de protesta pacífica comenzaron cuando el gobierno decretó varios ajustes en el sistema vigente de pensiones, los cuales fueron de inmediato revocados por Ortega luego de las primeras expresiones de rechazo en las calles.

Por el contrario, apareció la violencia contrarrevolucionaria de proporciones inusitadas y sin un motivo, ya que el futuro ajuste no existía.

Quedó claro,  con el transcurrir de los días que detrás de los atentados contra las personas e instituciones estatales y privadas –se estiman en mas de 80 los fallecidos hasta ahora- es que lo que parecía una situación coyuntural forma parte de un plan dirigido desde Estados Unidos para situar a Nicaragua en la lista de gobiernos progresistas o derrocados por los llamados golpes blandos.

Se evidenció que los supuestos elementos en desacuerdo con la medida oficial eran delincuentes que saqueaban comercios, robaban vehículos, y disparaban a quien se les pusiera delante.

La situación nicaragüense también se dio en Venezuela en los años 2014 y 2017, pero el gobierno revolucionario del presidente Nicolás Maduro logró derrotar el complot en contra de la Revolución Bolivariana que, al contrario de lo que algunos imaginaron, salió fortalecida del eventual golpe contrarrevolucionario.

En el caso de Nicaragua, que sufrió una guerra civil durante años con saldo de miles de muertos, luego también después del triunfo revolucionario contra el dictador Anastasio Somoza vivió la intromisión de la Casa Blanca con la formación de los llamados ¨contra¨, elementos mercenarios que atentaban contra el sandinismo.

Analistas coinciden en que lo que ocurre hoy en la patria de Augusto Sandino ni es un hecho aislado ni una manera de rebelarse contra un decreto revocado.

Los sucesos que dieron pie al diálogo nacional convocado por Ortega, y en la que actúa como mediadora la Conferencia Episcopal, que lo suspendió de manera unilateral –algunos sectores de la Iglesia Católica buscan también el quiebre del oficialismo – resultó un fracaso, pues los partidos de oposición que no ganaron las elecciones de 2016, ni las dos anteriores, fueron a la mesa con una sola propuesta: la salida de Ortega, ex comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), devenido el partido político más poderoso de la nación centroamericana.

Hace pocos días, la Conferencia dio por finalizadas las conversaciones, al menos hasta que haya consenso para volver a reunirse, lo cual, dada la agresividad contrarrevolucionaria, parece imposible ahora.

No obstante, Ortega sigue insistiendo en que la única salida a esta grave situación es el diálogo, pues lo que está evitando es una respuesta de los miembros del FSLN a los grupos opositores infiltrados por  vándalos pagados por los conservadores negados a aceptar la realidad de que nunca ganarán en las urnas.

En las pasadas elecciones de noviembre del 2016, Ortega y su esposa Rosario Murillo, postulada para la vicepresidencia, ganaron con el 72,5% de los votos. Desde su primera asunción, ya que este es su tercer mandato consecutivo, el líder sandinista, le ha dado jaque mate a los candidatos opositores, incapaces de organizar planes a futuro para una nación que una década atrás era la segunda más pobre de América Latina, solo superada por Haití.

Nicaragua, considerada el segundo país más próspero de la región, con Costa Rica en el primero, – un crecimiento anual de un 5%- mantiene el llamado Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional presidido por Ortega.

En estos años de proceso revolucionario, políticos, empresarios, estudiantes, sindicatos, Iglesia Católica y otros sectores integran el gobierno, con lo que se alcanzó la unión y la capacidad de alcanzar un desarrollo en menor tiempo.

Nicaragua derrotó junto a Cuba, la primera, Venezuela y Bolivia, el analfabetismo, la educación y la salud son gratuitas, las familias mas pobres reciben subsidios oficiales, el comercio y los negocios fueron diversificados –China es socio constructor del canal interoceánico que se construye en la actualidad- y es una de las naciones más activas de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA).

En una región plagada de delincuencia, asesinatos y ataques contra las personas, Nicaragua también es considerada la más segura de la región, un acápite de enorme importancia para la ciudadanía, que se ha habituado a vivir en paz.

Sin embargo, Washington está involucrado en las acciones de violencia, ya que sus pretensiones son apoderarse de una nación revolucionaria para sumarla a los nuevos títeres de esa zona, como Guatemala y Honduras, adueñarse de su economía y quebrar lo que la Casa Blanca denomina ¨influencia de China¨, que, al contrario del capitalismo, negocia sobre la base de la igualdad y la solidaridad entre pueblos.

En este contexto, la expectativa está a flor de piel entre los nicaragüenses pues si los opositores no dan marcha atrás y respetan la legitimidad presidencial, será muy difícil el entendimiento. También pudiera darse, aunque el gobierno lo evita, que el sandinismo, de mayoría en el país, brinde una respuesta contundente a la contrarrevolución.

Esa sería seguramente la oportunidad que espera Washington para decretar una supuesta ayuda humanitaria a la tierra de Augusto César Sandino, lo que ya maneja la Organización de Estados Americanos (OEA), un desprestigiado ente invitado por Ortega para que asistiera como observadora a los comicios de 2016.

La misión de la OEA recomendó entonces 15 medidas al gobierno, entre ellas una reforma electoral dirigida al corazón del sistema revolucionario y que los opositores reclaman se ponga en funcionamiento.

 

 

 

 

 

 

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