Orgullo de nuestros jóvenes
Un inmenso sentimiento de orgullo nos invade cuando vemos a los jóvenes cubanos ser ejemplo para las demás generaciones

Por: Marjoris López Abad
Me regocija contar la pequeña historia de ayer, esa que tejida con las de días atrás de similar contenido, le alegran el corazón a cualquier humano. ¿Los protagonistas? Adolescentes vestidos de uniforme azul, supuse de preuniversitario, en otros casos de blanco y amarillo el pantalón, secundaria básica y en igual ocasión un futuro oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
¿El hecho? Un acto de amor y fe de que es posible ser mejor persona y útiles en cada acción de nuestras vidas. Se habían tomado su tiempo -indistintamente- para dar una mano como apoyo para bajar la guagua a los abuelos que le recordaban a los que tenían en casa, a la madre que cargaba en brazos a su hijo dormido, a la mujer trabajadora de rostro algo cansado a unas horas todavía de concluir la doble jornada.
A pesar del largo trayecto hacia La Lisa, municipio habanero, de los ómnibus P-4 y 55, aquellos muchachos no creyeron en agotamientos en tanto le sacaron sonrisas y palabras de agradecimiento a su alrededor a irresistibles, escépticos, malhumorados, maleducados, hablanchines, pesimistas; esos que solo ven las manchas y no el sol que -como en esos momentos- brilló para todos.
Muchos aprendemos así de las enseñanzas de nuestros jóvenes, cuando se crecen con la cortesía, la educación y valores humanos que imitaron de los adultos. Seamos para ellos el mejor de los espejos donde mirarse, a la vez que hacemos lo que predicamos. Al juzgarlos y no educar con hechos positivos, convincentes, nos juzgamos a nosotros mismos. Además de corregirles las faltas, elogiemos -oportunamente- en ellos la ternura. Los niños y jóvenes de hoy y del mañana lo agradecerán.