Alejo Carpentier: intelectual imprescindible en la memoria cultural cubana

Volver sobre sus páginas, podría ser una esclarecida manera de recordar su magisterio de cubanía y respeto por la cultura universal

Alejo Carpentier. (Foto: Internet)
Alejo Carpentier. (Foto: Internet)

Por: Ana Margarita Sánchez Soler (asanchez@enet.cu)

Dueño de un mundo imaginativo y portentoso que cubrió de gloria a la literatura cubana y continental, Alejo Carpentier falleció el 24 de abril de 1980, cuando cumplía tareas diplomáticas como agregado cultural de nuestra embajada en París.

Hijo de arquitecto francés y de madre cubana, su hogar tuvo una marca definitiva en su formación, afincada en esa tradición del criollismo nacional que hunde raíces en el enciclopedismo y una sed de conocimientos insaciable, a la par que expresa su empatía y amor por lo autóctono.

Sus inicios como intelectual de vanguardia están asociados a su labor de periodista, tanto como a la participación en movimientos políticos de izquierda durante los años 30 y 40, orientación de pensamiento que sustentó hasta sus últimos días.

Por estas razones sufrió cárcel y se vio forzado a emigrar a París, ciudad que facilitó sus contactos con el arte moderno, por entonces vibrante en la Capital Luz y que tanto influyó en los rumbos del arte moderno realizado en Cuba en esas décadas.

Carpentier también trabajó para la radio, un medio que respetó muchísimo y al que aportó guiones sabiamente concebidos y vinculados a las tradiciones en la cultura cubana.

Viajó por México y Haití donde nutrió su sed de cronista con historias y relatos luego reflejados en sus novelas más famosas, entre las cuales destacan: El reino de este mundo, El siglo de las luces, El recurso del método y La consagración de la primavera; todas de un modo u otro vinculadas a los avatares de nuestra historia latinoamericana, sus tensiones, personajes característicos y ambientes exuberantes, tópicos aprovechados por el artista para fraguar su conocida teoría sobre lo real maravilloso americano.

Como cronista de su tiempo, la concepción revolucionaria de Carpentier sobre el papel transformador del arte y la responsabilidad crítica del artista tuvo en sus desempeños literarios y de hombre público un ejemplo excepcional, cuya huella perdura en lo mejor de la intelectualidad cubana de hoy.

Volver sobre sus páginas, inspiradas siempre por su curiosidad de etnólogo insatisfecho, narrador barroco y atento observador de la condición humana podría ser una esclarecida manera de recordar su magisterio de cubanía y respeto por la cultura universal.

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