Reidel y Ariel: el secreto de la vida
Dos niños que crecen no solo en tamaño, sino espiritual e intelectualmente. Cubanitos que fomentan el talento por crear desde temprana edad

Por: Ricardo R. Gómez Rodríguez
Voy a presentarles a dos niños. El primero se llama Reidel, fuertecito, con ese mestizaje peculiar en esta Isla. Con solo ocho años, tiene una habilidad increíble para hacer tractores de juguetes. Utiliza chapas, pomos, latas de refresco y los crea tan perfectos que usted se queda mirando con ojos atónitos la inexplicable destreza del muchachito.
Vive en un batey rural, Tuinucú, en el centro de la Isla, lugar donde el aire huele a melaza, esa que desprende el ingenio Melanio Hernández, nombre que lleva también la escuela de Reidel, donde cursa el tercer grado.
Cuando algún amigo del padre visita la casa del niño en un medio automotor, es casi un ritual darle una vuelta en el carro y comienza a preguntar cuántas velocidades tiene, para qué es cada botón, con una sed tremenda por aprender.
Dice Reidel que quiere ser tractorista, quizás inspirado en el ejemplo del papá, obrero distinguido del central.

Del otro chico que les quiero hablar solo sé que se llama Ariel, reside en un lugar conocido como La Trinchera, en la periferia de Sancti Spíritus.
A este lo vi batallando un buen rato con una pala más grande que sus siete años, para empalar una matica de tomate, que había perdido su estaca. Dice que de esas plantas se alimentan quienes acuden al comedor del trabajo de la madre.
Muchachos que desde pequeños tienen ese espíritu de aprender, aportar, crecer no solamente en tamaño sino en talento y voluntad.
Chicos que abundan en varios sitios del país o de esta Habana nuestra, y que a partir del ejemplo y la enseñanza de sus padres, inician una vida que debe sonreírles, porque el horizonte no tiene límites para quienes estimulan la creatividad.
Abril es el mes de las nuevas generaciones en Cuba, porque el próximo día 4 cumplen años las organizaciones de los pioneros y jóvenes.
Aunque siempre debemos dedicarle el mayor de los espacios a formar a los que vienen detrás, este momento es ideal para razonar cuánto puede hacer la familia, los vecinos, la sociedad con el fin de crear hábitos en los niños que se reviertan en potenciar la inteligencia, la voluntad y el afán por aportar.
El surco de la sabiduría debe comenzar a labrarse desde muy temprano, para que la semilla de frutos saludables. Ese es uno de los secretos de la vida.