Cómo controlar los ataques de ira

La ira está considerada como uno de los siete pecados capitales. Es una fuerte emoción manifestada con sordo resentimiento, furia o irritabilidad

M.Sc. Dr. Alberto Quirantes Hernández *

Es parte de la respuesta cerebral de atacar o huir de una amenaza o daños percibidos, reales o imaginarios, y puede tener muchas consecuencias desagradables, físicas y mentales.

Su manera de manifestarse

Un ataque de rabia puede verse fácilmente en la expresión facial o el lenguaje corporal;  y en determinados momentos, por actos públicos o en privado de agresión verbal y/o física. Se pueden emitir fuertes voces o sonidos, intentar verse más de cerca, mostrar los dientes y mirarse fijamente.

Pocas veces ocurre un altercado físico sin una previa expresión de ira de por lo menos uno de los participantes. Mientras la mayoría de los iracundos explican su accionar como un resultado de “lo que les ha pasado a ellos”, una persona irritable puede fácilmente estar equivocada porque la ira causa una pérdida en la capacidad de auto-monitorearse y en la observación objetiva.

Aunque cualquier persona puede sentrse irritada de vez en cuando por determinados sucesos cotidianos de la vida, sentirse iracundo con gran intensidad, frecuencia o ambas cosas, significa que algo no anda bien.

Puede convertirse en algo capaz de traer problemas de diferentes grados, tanto en el seno familiar como en las relaciones sociales, de vecinos o de trabajo.

Mal carácter

La ira o enojo puede escaparse de control y ser desencadenada por determinadas situaciones como son contratiempos o conflictos inesperados y a veces por simples recuerdos.

Eso puede conducir a un aumento de la frecuencia cardiaca e incluso de la presión arterial por el aumento de la secreción de determinadas hormonas como son la adrenalina y la noradrenalina; y eso no es lo más saludable. Se puede actuar de forma agresiva cuando hay percepción de amenaza a los intereses personales, pero de cualquier manera se pasa un mal rato.

Siempre habrá situaciones en la vida capaces de provocar el enojo de cualquiera. Pero responder agresivamente no es una buena forma de reaccionar. En estos casos hay poco o nada de control sobre los factores capaces de provocar la ira. Pero se pueden aprender a controlar, e incluso disolver, las peligrosas reacciones iracundas.

Algunas personas parecen ser más proclives a enojarse. Pudiera ser por un problema de carácter favorecido por haber crecido en un hogar repleto de ira y amenazas. Pero un iracudo habitual provoca rechazo y aleja a las personas de su entorno, incluidas valiosas relaciones humanas.

Por si fuera poco puede ser malo para el corazón y provocar problemas digestivos, dificultades para dormir, dolores de cabeza, así como reacciones depresivas y dolorosas crisis de arrepentimiento. 

La ira es un problema cuando a menudo se crean discusiones fuera de control con violencia manifiesta, surgen amenazas a otros e incluso hay arrestos o encarcelamiento policial a causa de una reacción descontrolada de consecuencias impredecibles.

Cómo se resuelve el problema

Quien se encuentre al borde de la ira debe tomarse un momento para calmarse y nunca responder irreflexivamente con lo primero que le viene a la cabeza. Se debe pensar friamente en las consecuencias y tomarse un momento para pensar con calma cuando se necesita dar una respuesta efectiva. De no hacerlo así es posible lamentarse más adelante.

Se debe analizar los desencadenantes de los ataques frecuentes de ira. Saber las causas de los inoportunos y perjudiciales enojos, puede ayudar a anticipare y a manejar mejor las inadecuadas reacciones.

Es necesario trabajar para resolver los problemas. Siempre hay una solución dentro de un marco de serenidad. Por ejemplo, quien se enoja todas las mañanas mientras espera un transporte para el trabajo, debe buscar una ruta diferente o salir a una hora más temprana. O traladarse en una bicicleta o leer un libro o una revista mientras aguarda.

Las personas iracundas a menudo ven las situaciones en términos “siempre me sale todo mal”. Esto rara vez es cierto. Esas afirmaciones en negativo pueden hacer pensar que no hay una solución. Se debe evitar usar estas palabras desencadenantes de ira y pensar en positivo. De esa manera, se podrá ver la realidad con más claridad, y totalmente en calma, buscar la oportuna solución.

Resulta necesario aprender a relajarse. Relajar tanto el cuerpo como la mente puede traer la calma. Existen muchas fáciles y rápidas técnicas de relajación a experimentar. Una vez hallada la mejor para cada persona podrá usarse siempre para evitar la ira.

Casi siempre la mejor manera de alcanzar la calma es alejarse de la situación desencadenante. Quien se sienta cerca de explotar, debe pasar un tiempo en soledad para tranquilizarse y ordenar sus pensamientos.

Quien necesite más ayuda para lidiar con la ira, debe buscar asesoría profesional con un psicólogo o psiquiatra. Y por supuesto, y para su bien, cumplir adecuadamente con las orientaciones recibidas.

* Master en Ciencias y Profesor Consultante

  Jefe del Servicio de Endocrinología

  Hospital Docente Dr. Salvador Allende

  La Habana – Cuba

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *