Nuestro Electo Rosell, “Chepín” en el recuerdo de Cuba

Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu
Notable compositor y destacado violinista, Electo Rosell “Chepín” constituye una figura representativa de la música cubana, felizmente recordada por los amantes de la música en general, y del danzón, en particular, género este asimilado a la idiosincrasia cultural de la Isla.
Este domingo 1ro. de abril, fecha de su desaparición física, honramos su memoria, cultivada en miles de hogares cubanos que en distintos momentos han rendido culto a su obra musical a través de un baile de salón como el sabroso y elegante danzón, bailado en nuestro país desde el siglo XX con éxito rotundo.
Chepín, como popularmente se lo conoció entre sus amigos y admiradores, llegó a convertirse en una de las personalidades de la música popular más queridas de su Santiago de Cuba, su patria grande, donde amó intensamente, disfrutó la amistad incondicional de sus buenos amigos, tropa que le acompañó siempre en sus aventuras y entregas musicales.
Obras de este autor son repertorio del patrimonio musical de la Nación como El Platanal de Bartolo, uno de los sones de mayor pegada en el gusto popular; obra nacida, según se cuenta, de festejos públicos en una calle adornada con plátanos y un muñeco con sombrero de yarey. Otros títulos notables, debidos a su rica inspiración son La reina Isabel, Diamante Negro y Bodas de Oro, igualmente sembradas, para siempre, en el imaginario del pueblo cubano.
La discografía de Rosell “Chepín” disfrutó considerable resonancia nacional. Sin embargo, un punto culminante en la consagración del artista santiaguero se produce cuando el inspirado cantante Ibrahim Ferrer populariza su antológica pieza A gozar en el Platanal de Bartolo, evento que trascenderá las fronteras nacionales.
En palabras de Lorenzo Jardines, especialista de la Casa del Caribe, al escribir la historia del virtuoso santiaguero, subrayó su singularidad: “A Chepín hace falta recordarlo; yo lo conocí y soy uno de sus admiradores: Era un hombre muy dulce, muy fino, culto y físicamente esbelto, siempre bien vestido. Chepín era un genio, hacía danzones con una jazz band y no con charangas que son las orquestas típicas de este género. Las letras de sus canciones tocaban las fibras más sensibles de la gente de todas las edades y latitudes”.
No resulta raro ver a jóvenes de hoy evocar pasillos de aquellos bailes que han ido configurando nuestros patrones musicales y son, al propio tiempo, imágenes sensibles de nuestra manera de sentir y apreciar la música.
Esperemos en el futuro próximo ver la aparición no solo de atractivas ruedas de casino, sino también de otros eventos que promocionen el son y el danzón, vivas manifestaciones del alma de la nación.
Sería un homenaje digno a Chepín y a la música cubana.