Las cuatro estaciones de Vivaldi, mejor dicho, de Padura
El narrador cubano desarrolla el género policiaco con maestría en este texto
Por Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu
Una de las lecturas más disfrutadas en mi juventud ha sido la del libro Paisaje de otoño, de Leonardo Padura Fuentes (La Habana, 1955). La convivencia por esos días con personajes tan alocados como Mario Conde motivó nuevas maneras de ver la vida y de descubrir también la historia.
El narrador cubano desarrolla con maestría el género policiaco. Esa pericia investigativa mostrada en la ficción pudo ser motivada desde sus textos periodísticos difundidos en El caimán barbudo y Juventud Rebelde.
Muchos han catalogado a Herejes, obra del autor cubano, como la mejor de sus piezas literarias. Sin embargo, la que podría ser su novela más contundente tiene su semilla en la tetralogía Las cuatro estaciones, para nada musical.
Esa serie contiene los textos policiacos que formaron al personaje predilecto de Padura. Pasado perfecto (invierno, 1991), Vientos de cuaresma (primavera, 1994), Máscaras (verano, 1997) y Paisaje de otoño (otoño, 1998); esta última traducida a las lenguas alemán, francés, griego y portugués.
Todas presentan como hilo conductor a Mario Conde, quien susurrara una vez al oído de su padre: ¿por qué no hacemos otras novelas? Gracias a esa idea creció la vida del teniente investigador.
El Premio Nacional de Literatura 2012 ha publicado otros libros tan impactantes como los anteriores. No obstante, esos establecieron una identificación especial con el público que reconoce a Leonardo Padura como uno de los escritores más populares de nuestro país.