Es la tarde del 13 de marzo de 1957
<Hoy, 61 años después, vuelve a ser 13 de marzo. En el número uno de la calle Refugio, los visitantes del Museo de la Revolución recorren sobre el mármol los pasos de aquellos valientes asaltantes
Por Rosa Pérez López
Es la tarde del 13 de marzo de 1957 y un camión de entrega rápida cruza la ciudad llevando como única carga la temeridad de un grupo de valientes. Su destino es la imponente edificación marcada con el número uno de la calle Refugio: la madriguera del crimen donde los combatientes del Directorio Revolucionario va a ajustarle cuentas al tirano.
Es la tarde del 13 de marzo de 1957 y José Antonio Echeverría –el presidente de la FEU, el que envuelto en una denuncia se lanzó a un terreno de pelota, el que suscribió junto a Fidel la programática Carta de México, el entrañable Manzanita de sus compañeros de lucha- irrumpe en la cabina de Radio Reloj para anunciarle al pueblo de Cuba el ajusticiamiento del dictador.
Es la tarde del 13 de marzo de 1957 y sobre los mármoles del Palacio Presidencial se ha vertido la sangre de los buenos, mientras el sátrapa consigue escapar ileso del asalto. Es la tarde del 13 de marzo de 1957 y a un costado de la Colina Universitaria se siembra en la historia el acribillado cuerpo de José Antonio.
Hoy, 61 años después, vuelve a ser 13 de marzo. En el número uno de la calle Refugio, los visitantes del Museo de la Revolución recorren sobre el mármol los pasos de aquellos valientes asaltantes; Cuba vuelve a escuchar la vehemente alocución del líder estudiantil, y a un costado de la Colina legendaria le han germinado flores al rostro de bronce con que el pueblo de Cuba honra la memoria de José Antonio Echeverría.