Lun. Sep 23rd, 2019

Nacía el poeta, su nombre es Zenea

El poder de la poseía se expande sobre todo un mes. Febrero lleva en sí mismo una gran virtud: el nacimiento de Juan Clemente Zenea y Fornaris.

Por Ana Margarita Sánchez Soler  asanchez@enet.cu

El poder de la poseía se expande sobre todo un mes. Febrero lleva en sí mismo una gran virtud: el nacimiento de Juan Clemente Zenea y Fornaris. Tal parece que un día 24, con el alumbramiento que lo trajo al mundo, hubiesen inclinado su cabeza todos los poetas. Sería una reverencia prematura a toda la gloria que estaba por venir. Era el año 1832 y aunque el pequeño nació en la oriental provincia de Bayamo, pronto sería de toda una nación.

Zenea hizo suyo el romanticismo. Con la delicadeza de los que moldean poco a poco sus versos, plasmó un rostro de mujer. Fidelia es uno de sus poemas más buscados y releídos. Es la prueba viva de su madurez escritural, pero es además una muestra de la vastedad de espíritu.

Un poeta necesita conocer de rimas, métricas y estructuras, pero sobre todo requiere cierto halo de luz que enciende la sensibilidad ajena. Zenea se desvive en unas cuantas letras para que Fidelia surja. Nunca más se esfumaría la silueta de esa mujer levantada con las materias de un alma romántica.

Juan Clemente Zenea fue periodista, poeta, literato de amplias posibilidades. El destierro lo puso en brazos de Adah Menken, actriz estadounidense de la que se enamorara. Allí tuvo la flama necesaria para encender su inspiración fértil y abundante. Zenea dejaba mucho que desear por lo que ofrecía en sus poemas y por los matices que reservaba para sí.

Numerosas publicaciones contaron con su labor entre ellas La piragua, Floresta cubana y El regañón. Otras pertenecientes a España también asumieron sus textos como La ilustración republicana federal y La América.

Su poesía, tal vez cabizbaja, aún deambula por la Fortaleza de La Cabaña en La Habana.  Allí vivió los últimos días asediado por el aislamiento. El patíbulo calló su voz cuando ya estaba impresa en la memoria poética cubana.

El buen intérprete supo y sabe anclar su entendimiento en la poseía de Zenea. Hoy se descubren los talantes de un perfecto hacedor de palabras.