Brutal acoso contra Venezuela

 EE.UU. usa a sus lacayos para provocar intervención armada

Por Mariela Pérez Valenzuela

La amenaza de una intervención militar en Venezuela, que no necesariamente procedería de Estados Unidos sino de sus lacayos en América Latina, ocupa importantes espacios políticos en América Latina.

Cuando estuvo a punto de firmarse el Acuerdo de Convivencia hasta el 2021 por el gobierno de Caracas y un grupo de importantes partidos opositores en República Dominicana, una llamada procedente de Colombia prohibió que estos últimos suscribieran el documento que permitía, como mínimo, la celebración en paz de las elecciones presidenciales del próximo 22 de abril.

No fue coincidencia que en esos momentos estuviera de visita en Bogotá el Secretario de Estado norteamericano Rex Tillerton, de gira por cinco países de la región que actúan como enemigos de la Revolución Bolivariana.

La intervención abierta de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela fue confirmada, una vez más, luego de que en las últimas semanas impuso varias sanciones a diplomáticos de ese país y discutió con el presidente argentino Mauricio Macri un posible bloqueo a la venta de petróleo de esa nación, cuyo único delito es llevar el progresismo a una sociedad antes dominada por la oligarquía capitalista con la anuencia de Washington.

El catedrático costarricense Andrés Mora afirmó en relación con este viaje: “El tiranosaurio Rex tiene apetito de petróleo y sufre la resaca de la vieja hegemonía en decadencia, está desbocado y carece de escrúpulos, lo que lo convierte en una amenaza todavía mayor. Sus bramidos que invocan la guerra han encontrado eco entre un puñado de presidentes y élites políticas latinoamericanas dispuestas a acelerar la intervención y radicalizar los métodos de lucha, con la opción militar como prioridad”.

La llamada telefónica de Colombia, que muchos consideran fue hecha por el presidente Juan Manuel Santos al dirigente opositor Julio Borges momentos antes de suscribirse el documento de paz en Santo Domingo, es otra expresión del acoso que sufre el gobierno de Caracas, luego de sanciones diplomáticas a varios de sus principales dirigentes.

A la Casa Blanca le interesa que nunca lleguen a un acuerdo las distintas fracciones venezolanas, pues eso supondría el fracaso de sus actuales planes de injerencia directa.  

Es decir, que ahora la oposición no solo ignora el eventual acuerdo en el cual había logrado un 99% de consensos con el gobierno, sino que varios de sus partidos se niegan a aceptar la celebración de los comicios y sus resultados, tal como hizo el llamado Grupo de Lima en días pasados.

La gira de Tillerson iniciada el 1 de febrero a cinco países de la región (Brasil, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica) tenía como principal objetivo crear una fuerza militar conjunta para intervenir venezolano y apoderarse de su petróleo, ya que allí se encuentran  las mayores reservas mundiales del crudo.

Si lo desea, el gobierno de Donald Trump puede intentar una intromisión armada en Venezuela, con el respaldo de la Orden Ejecutiva de su antecesor Barak Obama que declara a la nación suramericana como ¨una amenaza inusual y extraodinaria para la seguridad nacional¨ de la potencia militar más poderosa y cruel del planeta.

Es decir, que los siempre injerencistas estadounidenses, pueden, según esa orden, atacar a Venezuela si consideran que ese país de 32 millones de ciudadanos resulte peligroso para uno de más de 323 127 513 habitantes respaldados por la más poderosa maquinaria militar conocida.

Otra idea es, y parece ser la mas conveniente para los halcones de la Casa Blanca, realizar una acción bélica por razones humanitarias, ya que la guerra sucia provocada por ellos mismos y sus aliados internos, que crearon un bloqueo de alimentos y medicinas desestabilizar al país con la incorformidad del pueblo y derrocar a Maduro, quien siempre les ha alertado de lo que les espera si piensan hollar el país.

Otras fórmulas existen. Puede ocurrir, y ya lo han intentado, que ocurra un magnicidio para descabezar la Revolución, esta opción con menos chance de triunfo porque existen otros dirigentes procedentes de la unión cívico-militar que ocuparían su lugar.

Aunque no se esconde en sus amenazas a Venezuela,  Estados Unidos quiere dejarle la guerra sucia militar a sus aliados derechistas de América Latina. Primero lo quiso hacer mediante la Organización de Estados Americanos (OEA), en la que tuvieron un rotundo fracaso varias veces en su afán de castigar a Venezuela e implantar allí la Carta Democrática de esa organización para abrirle la puerta a tropas extranjeras, y luego con la creación del llamado Grupo de Lima, creado en Perú, donde el presidente Pedro Pablo Kuczynski atraviesa por una crisis política interna en la que está en juego su cargo por corrupto.

Este Grupo olvida su compromiso ante la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), cuando en 2014 declararon a la región como zona de paz en su primera cumbre en La Habana.

En el acoso a Maduro y su Ejecutivo se observa la conjunción de un grupo de estrategas dirigidos por Estados Unidos –los latinamericanos derechistas solo son tropa de choque- que atacan al país con todos los medios a su alcance.

Ahora, cuando Venezuela está enfrascada en llevar adelante y en paz el proceso electoral presidencial el próximo 22 de abril, luego de que Perú le cursara una invitación a Maduro para asistir a la Cumbre de las Américas del cual es anfitrión, el llamado PPK declinó y le impidió su asistencia, como si en lugar de anfitrión fuera el convocante de la reunión.

Lo cierto es que el líder venezolano advirtió que irá a esa cita en marzo próximo ¨por cualquier medio a decir las verdades de Venezuela¨, aunque la primera ministra peruana Mercedes Aráoz afirmó que su régimen impedirá la entrada del jefe de Estado, con lo cual, según calificó un parlamentario andino, agravará un embrollo diplomático.

Aráoz dijo en la ciudad de Trujillo que ¨no puede entrar ni al cielo peruano porque no está siendo bienvenido’, y recordó que Perú revocó la invitación  al mandatario bolivariano para la Cumbre de las Américas.

Dirigidos abiertamente por Tillerson, máximo dirigente de la compañía petrolera Exxon y el legislador Marcos Rubio –los dos funcionarios que dirigen la política estadounidense contra Venezuela y Cuba- el Grupo de Lima integrado por 13 países intentará destruir este año la Revolución Bolivariana.  

Un artículo del diario mexicano la Jornada denuncia la creciente presencia de militares norteamericanos , la reciente visita del almirante Kurt Tidd a Colombia y los desplazamientos de tropas de ese país y Brasil a la frontera con Venezuela mientras se busca la exacerbación del tema de la emigración a territorios colindantes.

Parece estarse creando, indica, la tormenta perfecta para una intervención armada con el más mínimo pretexto. Falta la provocación, un falso positivo podría ser, que dé pie para un eventual ataque desde Colombia o alguna acción violenta dentro de Venezuela que justifique una intervención de uno o más ejércitos latinoamericanos, lo que crearía el escenario para la presencia allí del Comando Sur.

Cabe a los pueblos, los movimientos sociales y políticos de América Latina el despliegue de la solidaridad con Venezuela, que no está sola en el ámbito moral, pero tampoco en el económico, pues entre sus aliados aparecen China y Rusia, dos potencias a las cuales el presidente Trump trata de minimizar y hasta de confrontar, pero que poseen negocios y relaciones basadas en la igualdad con numerosos países de Latinoamérica, entre ellos los mismos que alzan sus voces mediocres contra la patria de Hugo Chávez.

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