Vie. Oct 18th, 2019

La entrada de Fidel a La Habana

Era el 8 de enero de 1959 y era la premonitoria voz de Fidel Castro alertando a millones de cubanos sobre las futuras complejidades y dificultades que sería preciso encarar a partir de entonces

Hace exactamente 59 años se escuchó por vez primera una voz de mando diferente, que más que a un ejército alistaba a todo un pueblo para los nuevos combates que habrían de sobrevenir

Por: Rosa Pérez López

Hace exactamente 59 años, en el que antaño fuera el principal enclave militar de la dictadura batistiana, se escuchó por vez primera una voz de mando diferente, que más que a un ejército alistaba a todo un pueblo para los nuevos combates que habrían de sobrevenir: “Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada.  La alegría es inmensa, y sin embargo, queda mucho por hacer todavía.  No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil.”

Era el 8 de enero de 1959 y era la premonitoria voz de Fidel Castro alertando a millones de cubanos sobre las futuras complejidades y dificultades que sería preciso encarar a partir de entonces: ni más ni menos que la alta cuota de entregas, de sacrificios y de riesgos que demanda cualquier revolución, si es verdadera.

Aún el líder supremo no había hablado –como haría poco más de dos años después en el preludio de una invasión mercenaria- de un proyecto social “de los humildes, por los humildes y para los humildes”. Pero los pobres de esta tierra ya lo asumían de ese modo mientras el joven y barbudo profeta aseguraba que había sido el pueblo quien había ganado esa guerra de liberación, y por eso ante todo estaba el pueblo.

Ese mismo pueblo que había colmado con su júbilo y su agradecimiento cada palmo del territorio nacional por donde pasara aquel triunfante ejército: esa  Caravana de la Libertad que vino desde Santiago de Cuba hacia La Habana, porque era a la capital cubana donde debían llegar los vencedores para consumar la victoria con que se había iniciado aquel año inolvidable.

Ese mismo pueblo que hace poco más de un año presenció consternado pero firme el paso de una caravana semejante, que como en un retorno a las raíces más sublimes de la historia patria, hizo el trayecto desde La Habana hasta Santiago de Cuba, para decirle hasta siempre al hombre hecho de sueños, de barbas y de olivo, junto a quien -al igual que aquel 8 de enero de 1959- marcharán por siempre todos los agradecidos de su entrega, todos los deudores de su obra, todos los continuadores de su ejemplo.