Van Van, una agrupación de impacto

El sonido Van Van tiene el poder de la abducción. Si lo escuchamos, perdemos la autoridad sobre nuestro cuerpo: manos y pies cobran vida propia y se unen al convite salsero
Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu
Casi siempre se espera que el cubano sea un buen bailador. El mundo nos ve como gente alegre y hábil en el empeño de emprender complejas rutinas de baile. Tal vez esa sea una expectativa arquetípica, si tenemos en cuenta que la cubanía es mucho más que eso. Sin embargo, es innegable que llevamos el sentido del ritmo y la musicalidad bien incorporado.
Más de una generación ha podido perfilar las aptitudes del bailador con la influencia de una agrupación imprescindible en el entorno musical cubano, hablo de Van Van. A nadie en esta Isla le resulta extraño el término “vanvanero” y esa es una prueba irrefutable del impacto de la orquesta salsera.
Cada día cuatro del mes de diciembre la agrupación fundada por Juan Formell está de cumpleaños. Se trata de una trayectoria rica que va desde el Songo hasta la timba cubana. Con músicos de categoría excepcional: Changuito, César Pedroso o José Luis Cortés, los Van Van demostraron su capacidad para imponerse en el gusto de toda una nación. Deudores de esa herencia, los integrantes de hoy mantienen la esencia rítmica.
Ser la orquesta más popular de Cuba consecutivamente durante muchos años es posible solo con la entrega que vimos en Formell y que supo legar a su familia musical. Al partir, el prominente bajista legó una cantidad considerable de composiciones que integran el repertorio de otros cantantes y grupos.
Hay en Van Van no solo un conjunto de excelentes sonoridades, también constituye un cúmulo enorme de crónicas sobre nuestra sociedad. Los hábitos y características del cubano quedaron atrapados para siempre en temas con visos costumbristas. En ellos percibimos descripciones cabales repletas de humor y picardía.
Nominada en varias ocasiones al Premio Grammy, la plantilla vanvanera ha sido acreedora de este reconocimiento otorgado por la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación. No existe, en cambio, trofeo comparable al de ocupar la cima en el gusto del público cubano.
La experiencia personal me dice que el sonido Van Van tiene el poder de la abducción. Si lo escuchamos, perdemos la autoridad sobre nuestro cuerpo: manos y pies cobran vida propia y se unen al convite salsero. Decir van Van Van es decir Cuba.