Un espacio para Dulce María Loynaz

Diciembre lleva los bríos que le otorgó para siempre Dulce María
Por: Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu
Diciembre es atípico, marca para muchos el fin de un ciclo y el comienzo de nuevos retos, aspiraciones. Algunos lo asumen con nostalgia por todas las vivencias que dejan atrás, otros llegan al último mes del año con entusiasmo. Las sensaciones son muy diversas; pero en lo personal siento a diciembre como un mes de poesía.
Cada quien lleva consigo las fechas que le marcan, aquellos días en que acontece un suceso cercano a su individualidad. Es por ello que estas jornadas finales siempre colocan en mi memoria a Dulce María Loynaz. Por azar o por capricho del destino, en el cual algunos confían, la poetisa cubana nació al transcurrir diciembre de 1902 (10 de diciembre).
Creo que Dulce vino al mundo justo cuando la luz de un crono pretérito se perdía en el ocaso y el universo iniciaba otro tiempo para el verso. Con ella nacería el deleite de quienes iban a refugiarse luego en su obra poética y literaria.
En la lírica de la Loynaz se conjugan dulzura y fuerza; supo estremecer con su modo de reverenciar las pasiones humanas, pero no se privó de matizarlas con temperamento agudo. Tal vez de su padre mambí Enrique Loynaz heredó el temple que llevó a su vasta obra literaria.
De los amores felices que se posaban poco y de las almas oscuras habló esta mujer de letras y así entre penumbras y destellos, se fue por los senderos de la poesía. Con talento asombroso y un dominio insuperable de la lengua española se convirtió en uno de los nombres ineludibles de la intelectualidad cubana.
Cuando evoco a Dulce María Loynaz pienso inevitablemente en sus creencias respecto a la inspiración. Defendía con seguridad la existencia de las musas, confiaba en aquella necesidad del poeta que le obliga a engendrar estrofas. Fue inmensa porque vivió esos momentos en que no queda más remedio que expresarse mediante versos.
Su amplia vida como literata comprende además de la poesía, crónicas, ensayos, novelas y epístolas. Algunos de los poemarios que contienen sus composiciones son Juegos de agua [1951], Bestiarium [1991] y El áspero sendero [2001]. En 1992 fue reconocida con el Premio Miguel de Cervantes, uno de los más prestigiosos galardones otorgados en el ámbito literario hispano.
Sobran razones para pensar que el mes en que nació la Loynaz es para adorar el arte poético y encontrarse con su vasta obra. Diciembre lleva los bríos que le otorgó para siempre Dulce María.