El agua del cuerpo humano

El agua ingerida debe guardar proprción con la perdida por el organismo por diversas vías

M.Sc. Dr. Alberto Quirantes Hernández *

El agua constituye entre la mitad y los dos tercios del peso corporal de cualquier persona. En las mujeres la proporción es menor en relación con la de los hombres debido a la mayor proporción de tejido graso contenido en sus cuerpos. En ellas varía entre el 52 al 55 por ciento; en los hombres constituye el 60 por ciento.

La proporciòn de agua también es menor en edades avanzadas y cuando hay excesivo peso corporal. Es mayor al nacer, alrededor de un 70 por ciento, y durante la primera infancia.

Las personas adultas con buen estado de salud deben ingerir alrededor de dos litros de agua diariamente como cantidad mínima. De esta manera se previene la deshidratación o la posible formación de cálculos renales u otros trastornos derivados del déficit de tan preciado líquido.

Es mejor ingerir líquidos en demasía y no de manera deficitaria; al organismo humano le resulta más fácil eliminar el exceso.

Cuando hay normalidad en la funcionalidad de  los riñones, el cuerpo puede hacer frente a grandes variaciones en la ingestión de líquidos. Según las necesidades del organismo, los riñones pueden eliminar de menos de medio litro a varios litros de orina al día.

Ganacia y pérdida de agua

Principalmente se obtiene agua de la que se bebe. Además, cuando el organismo procesa  o metaboliza ciertos nutrientes, como resultado se produce una pequeña cantidad residual de agua.

El organismo pierde agua, en su mayor parte, eliminándola a través de los riñones durante la micción. También se pierde casi un litro diariamente por la evaporación del agua contenida en la piel y por la respiración. Además hay que tener en cuenta la sudoración profusa, causada por el ejercicio intenso, por un clima cálido o por una temperatura corporal elevada, lo cual aumenta de forma significativa el volumen del agua evaporada.

En condiciones normales, también se pierde una pequeña cantidad de agua de las vías digestivas; en los vómitos prolongados o en las diarreas intensas se pueden perder hasta más de cuatro litros en un día.

Aunque normalmente se ingiere la cantidad de líquido necesaria para compensar la pérdida excesiva de agua en determinadas situaciones, cuando se tienen vómitos o diarrea intensos, es posible sentirse muy mal y presentar cierto grado de confusión, de movilidad reducida o por disminución del grado de consciencia, como para tomar la cantidad de líquido necesaria capaz de compensar esta exagerada pérdida y pudieran presentarse grados variables de deshidratación.

Contenido del agua

Las sales minerales, llamados electrólitos, como el sodio y el potasio, están disueltas en el agua del organismo. El equilibrio acuoso y el electrolítico guardan una estrecha relación.

El organismo intenta mantener constante el volumen total de agua y las concentraciones de electrólitos en la sangre. Así vemos cómo cuando se elevan demasiado los niveles de sodio, tal como sucede cuando se come con exceso de sal, se siente sed; esto conduce a ingerir mayores cantidades de líquido.

Una hormona, la vasopresina, también conocida como  hormona antidiurética, y segregada por el cerebro en respuesta a la deshidratación, envía a los riñones un mensaje para excretar menos agua.

La combinación de estos dos factores, ingestión y hormona, da lugar a una retención  y mayor presencia del agua presente en la sangre. El sodio se diluye y su equilibrio con el agua se restablece. Si la concentración de sodio baja demasiado, los riñones excretan más agua, disminuye la cantidad de agua en la sangre y por esta vía se recupera el alterado equilibrio.

Buscando el equilibrio

Un hombre con un peso  68 kilogramos (150 libras) debe tener algo más de 41 litros de agua en su organismo; de ellos, entre 23 y 27 litros en el interior de las células, alrededor de siete en el espacio que rodea las células y algo menos de cuatro, en torno al nueve por ciento de la cantidad total de agua, en la sangre.

En el cuerpo, varios mecanismos trabajan al unísono para mantener el equilibrio del agua. Uno de los más importantes es la sed. Cuando el cuerpo necesita agua, determinados centros nerviosos del cerebro se estimulan y se desencadena la sensación de sed.

Mientras más tiempo pasa la sensación se vuelve más intensa y al mismo tiempo aumenta la demanda de agua del organismo;  se desea y necesita la ingesta del líquido necesario. Cuando el cuerpo ya tiene un  contenido normal o excesivo de agua, desaparece la sed.

Otro mecanismo para mantener el equilibrio hídrico implica a la glándula hipófisis situada en la base del cerebro, y a los riñones. Cuando el cuerpo tiene poca agua, la hipófisis libera la vasopresina u hormona antidiurética en el torrente sanguíneo. La vasopresina estimula los riñones para que retengan agua y excreten menos orina.

Cuando el cuerpo tiene un exceso de agua, la hipófisis segrega menores cantidades  de vasopresina, y de esta manera los riñones pueden eliminar más libremente el exceso de agua por la orina.

El agua fluye de forma pasiva de una zona o compartimento del organismo a otra. Este flujo pasivo permite que el mayor volumen de líquido en las células y el área que las rodea actúe como reservorio para proteger de la deshidratación el menor volumen y más crucial de líquido contenido en la sangre.

Como consejo final, no se limite en beber agua, su cuerpo la necesita.

 

* Master en Ciencias y Profesor Consultante

  Jefe del Servicio de Endocrinología

  Hospital Docente “Dr. Salvador Allende”

  La Habana – Cuba

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