Con su movimiento agroecológico Cuba apuesta por reducir el uso de plaguicidas

El 3 de diciembre en muchos países se conmemorae el Día mundial del no uso de plaguicidas

Agricultura cubana

Por: Carlos Heredia Reyes

Desde que se impuso la agricultura de monocultivos con uso intensivo de agrotóxicos, se han contaminado el aire, los suelos, las aguas y los alimentos causando graves desequilibrios en los ecosistemas, negativos impactos en la biodiversidad agrícola y cambios en el patrón de cultivos, al propio tiempo se han acelerado los procesos de deforestación y eliminación de la cobertura vegetal, con enorme  pérdida de la fertilidad de la tierra.

Sin que todavía esté en el nivel óptimo al que se aspira, hoy día Cuba exhibe notables avances en este frente, como se palpó en el V Encuentro Internacional de agroecología, agricultura sostenible y cooperativismo, celebrado del 20 al 27 de noviembre y que permitió a los delegados extranjeros constatar, in situ, los alentadores resultados del movimiento campesino y cooperativista.

Así, representantes de naciones como Estados Unidos, India, Zimbawe, Dinamarca, Puerto Rico y el País Vasco, al recorrer varias provincias conocieron experiencias exitosas de fincas familiares a pequeña y mediana escalas, proyectos de desarrollo en diversas instituciones, y un modelo sociopolítico que favorece el avance de la agroecología como alternativa de producción, sin que haya que renunciar al modelo agroindustrial.

En pleno periodo especial investigadores cubanos mostraron un gran interés por generalizar la producción en todo el país de diferentes técnicas con vistas a disminuir el uso de fertilizantes químicos, velar por la salud de los suelos, certificar las semillas, controlar las malezas (arbustos silvestres que afectan los cultivos), usar productos naturales como plantas repelentes (con olor y sabor diferentes) y trampas de colores (siembra de productos coloridos en el mismo espacio) en aras de contrarrestar plagas e insectos.

Un procedimiento rápidamente generalizado consistió en elaborar materia orgánica o compost, con el objetivo de brindar nutrientes a las plantas. Dicho abono puede obtenerse de desechos como restos de comida, cáscaras de huevo, hojas, raíces y estiércol descompuesto.

Igualmente se suministró biofertilizantes y biopesticidas, desarrollados por instituciones científicas, específicamente los Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (CREE).

Pero este 3 de diciembre, en que se conmemora el Día mundial del no uso de plaguicidas, habrá que reconocer que una gran cantidad de productores en el planeta desconocen los beneficios de aplicar técnicas agroecológicas y prefieren recurrir a los químicos porque consideran que tienen un efecto más rápido.

Alegan también que la producción por hectárea es inferior a la obtenida por la agricultura convencional, algo totalmente falso, según expertos de renombre.

La fecha fue establecida por las 400 organizaciones miembros de la Red de acción en plaguicidas, PAN internacional (PesticideAction Network), en 60 países, con el propósito de hacer un llamado a la reflexión y toma de conciencia de la población en el orbe sobre el grave problema social y ambiental generado por el uso de plaguicidas.

Ese día de 1984 un escape de 27 toneladas del gas tóxico metilisocianato, utilizado en la elaboración de un plaguicida de la Corporación Union Carbide, ocasionó la muerte a más de 16 mil personas en la ciudad de Bophal, India.

Lo triste es que desastres similares a este, aunque silenciosos, ocurren con bastante periodicidad en el planeta tal cual advierte la Organización Mundial de la Salud.

En América Latina, los mayores daños causados en la salud por la aplicación masiva e indiscriminada de plaguicidas en el campo y en los hogares son las muertes y las intoxicaciones agudas y crónicas, que frecuentemente afectan a trabajadores/as agrícolas, como también a los consumidores, debido a los residuos de plaguicidas en los alimentos.

   En Cuba lo alcanzado se debe en gran medida al Movimiento agroecológico de campesino a campesino, de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños; al Programa de Agricultura Urbana, Suburbana; a los proyectos de colaboración internacional relacionados con desertificación y sequía, conservación de suelos y rescate de su capacidad productiva, a la producción local de alimentos, diversidad y semillas, y a las minindustrias de vegetales y frutas, entre otros no menos importantes.

 

 

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