Tan cerca como siempre

Hoy sigue estando el ferviente profeta de la aurora en la dignidad de cada hombre y mujer de nuestra patria

Hoy sigue estando el ferviente profeta de la aurora en la sonrisa de cada niño

Por: Rosa Pérez López

Hace un año recibimos la noticia que hubiéramos querido no escuchar jamás. Y hubo entonces un desgarrador estremecimiento en el alma de la patria consternada, un inefable dolor multiplicado en cada pecho de cubano agradecido, un renovado compromiso con el ejemplo del hombre que consagrara su existencia a los humildes de esta tierra y de la humanidad entera.

Cómo entender desde aquel 25 de noviembre la ausencia de Fidel en la primera línea de todos los riesgos; en las altas tribunas para argumentar los principios más sagrados; o a ras de calle, monte o serranía donde se hiciera carne y espíritu del pueblo: de su pueblo. Cómo suponerlo en la infinita distancia que la inmortalidad depara a los imprescindibles, a esos que han cumplido bien la obra de la vida.

Por eso no han podido ser ciertas ni la ausencia, ni la distancia, ni la muerte incapaz de abarcarle la estatura de guerrero sempiterno, desde el combate precursor en el Moncada hasta el verbo postrero y visionario que alertó de los peligros que estos tiempos deparan al futuro, en un congreso del Partido.

Hoy sigue estando el ferviente profeta de la aurora en la sonrisa de cada niño, en la seguridad de cada anciano, en la salvación de cada enfermo, en el sudor de cada obrero, en la creación de cada artista, en la dignidad de cada hombre y mujer de nuestra patria. Sigue estando en el coraje para defender nuestras conquistas, en la fuerza para afrontar cualquier nuevo desafío y en el sublime empeño con que cada día nos fraguamos la esperanza.

Hoy, hecho interminable inspiración y magisterio, sigue Fidel a nuestro lado, tan cerca como siempre.

 

 

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