Mie. Sep 18th, 2019

Habana mía

Menos mal que existes hace 498 años sin habernos revelado definitivamente el perturbador misterio de tu encanto

Escrito por Rosa Pérez López

Habana mía, menos mal que no hubo que inventarte -como dijo Fayad Jamís en unos versos-, porque quizás no hubiéramos previsto tu bahía fecundada de salitre; o imaginado tus ronquidos de motores despertando adoquines al amanecer; o concebido tu sonora techumbre de gorriones organizándole los atardeceres al Paseo del Prado; o soñado la puntual voz de las nueve estremeciendo tus noches desde una fortaleza.

Habana mía, cómo podíamos haber anticipado la sincrética convivencia de un concierto sinfónico y un bembé, de las consignas y las plegarias, de los bicitaxis e Internet, de la biotecnología y el cucurucho de maní.

Habana mía, cómo haber precisado tus dosis de cosmopolitismo y cubanía, de lujuria y de candor, de sol y yerbabuena, de vitrales y de ron. Cómo haber supuesto todos los ingredientes de la alquimia que corre por tus venas a los cuatro vientos, y que se desborda calle abajo rumbo al mar… o quizás calle arriba en pos del cielo.

Habana mía, menos mal que no hubo que inventarte, pues tal vez no hubiéramos sabido entretejer tu urdimbre de realidades y de sueños,  que convergen en el punto exacto donde aún puede ser posible la utopía.

Habana mía, menos mal que existes hace 498 años sin habernos revelado definitivamente el perturbador misterio de tu encanto, porque así nos sobresaltas y seduces a cualquier hora cada día, como sólo saben hacerlo  las más bellas ciudades… y los mejores amantes.