El centenario de la Revolución Socialista de Octubre

Nunca como entonces se había cumplido el acariciado sueño de tomar por asalto el cielo, porque el socialismo iniciaba su andar como el más humano y justo sistema social que jamás conociera la especie humana

Escrito por Rosa Pérez López

Hace exactamente un siglo, ante las verjas del Palacio de Invierno se produjo el más estremecedor viraje histórico de la humanidad: la revolución social dejaba de ser una utopía y comenzaba a asumirse como práctica en el eslabón más débil de la cadena imperialista.

Nunca como entonces se había cumplido el acariciado sueño de tomar por asalto el cielo, porque el socialismo iniciaba su andar como el más humano y justo sistema social que jamás conociera la especie humana. Nunca como en aquel octubre el legado teórico de Carlos Marx y Federico Engels cristalizaba en el ímpetu emancipador de Vladimir Ilich Lenin y la legión bolchevique que secundara su elevado empeño de forjar un mundo sin explotados ni explotadores.

Han transcurrido cien años desde el triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre y, en correspondencia con los nuevos tiempos, siguen dictando sus sabias lecciones las regulaciones científicas que por definición y por esencia caracterizan a un sistema social cuya premisa es el bienestar del ser humano, mientras el capitalismo continúa demostrando -y cada vez con más voracidad- que el poderío de unos pocos sobre una mayoría avasallada no será jamás la opción que garantice los más caros anhelos de equidad y justicia social de la humanidad.

La historia día a día se ha encargado de dar sus rotundas conclusiones, para que los pueblos vuelvan su mirada hacia las fórmulas sociales que constituyen la única alternativa a su esperanza. Todavía existen en el mundo suficientes desigualdades, injusticias, calamidades y penurias para que los hombres y mujeres de buena voluntad de este convulso planeta encuentren en el centenario de aquel octubre victorioso la inspiración y las razones necesarias para proponerse seguir tomando por asalto el cielo.

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