Si no existieras yo te inventaría
La Habana tuvo el privilegio de que residiera en ella el poeta de origen mexicano Fayad Jamis

Por: Félix Rubén Aloma
La Habana tuvo el privilegio de que residiera en ella el poeta de origen mexicano Fayad Jamis . Si se camina por el edificio de O y 27, una tarja conmemorativa recuerda donde viviera gran parte de su vida y donde escribiría su poema Qué sería de mí, en la que su última estrofa muestra todo su amor a la capital cubana:
“Si no existieras yo te inventaría, Mi ciudad de La Habana”.
Fayad Jamis nació en el poblado de Ojo caliente, Zacatecas en 1930. Su familia vino a vivir a Cuba siendo él pequeño. En 1954 marcha a Francia para regresar nueve años después.
En la calle Obispo 261, entre Cuba y Aguiar, en la Habana Vieja, la librería que lleva el nombre de Fayad Jamís, te invita a recordar al poeta, pintor y periodista mexicano, que hizo arte en Cuba, dibujante y pintor, profesor de arte, editor, ilustrador gráfico, consejero cultural, tallador de cerámica, colaborador de varios periódicos, revistas y escritor. Con su libro de poesías Por esta libertad, ganó el Premio Casa de las Américas de 1962.
Se recuerda con especial cariño su trabajo en la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba) al lado de Nicolás Guillén, su primer presidente.
El poeta que escribiría esa obra que llama a dar amor a pesar de las dificultades: “Con tantos palos que te dio la vida y no te cansas de decir te quiero”, falleció de una grave enfermedad el 13 de noviembre de 1988 en La Habana, con apenas 58 años, y fue enterrado en una bóveda del Sindicato de Artes y Espectáculos, en la Necrópolis de Colón.
Según publicación del periódico Escambray, familiares de Fayad Jamís manifestaron el deseo de trasladar sus restos a Sancti Spíritus. Explica el semanario que tras una búsqueda de sus restos mortales en la necrópolis habanera de Colón y la posterior identificación por el especialista en Medicina Legal Ercilio Vento, Fayad Jamís descansa en un panteón del cementerio local del poblado espirituano de Guayos, lugar dónde también vivió y estudió la escuela básica superior.
El moro, como le decían los amigos enseñó a amar no sólo el mundo cultural; sino a Cuba, dicho como el autor en su poema: “un loco de mirada triste que sólo sabe amar con todo el pecho… un loco que jamás se cansa, de abrir ventanas y sembrar luceros…un pobre loco de esperanzas, que siente como nace un mundo nuevo”.
Este 13 de noviembre a 29 años de su muerte se recuerda a Jamis como deudores, a quien nos convoca con su inextinguible amor a la Humanidad, a la esperanza.