Todo el filing en Portillo de la Luz

Jamás sospechó que llegaría a convertirse en uno de los exponentes más significativos de la historia musical cubana

La poesía fue el talismán de Portillo

Ana Margarita Sánchez Soler  asanchez@enet.cu

Días de gloria vivió la canción cubana durante el tiempo en que Portillo acariciaba las cuerdas de su guitarra. Su voz melancólica llena de serenidad fue precursora de un género que se abría paso durante la década del 40 en Cuba, denominado filing. Pero mucho antes César había sido prendado por la música que de forma empírica alternaba con sus labores de pintor doméstico.

Jamás sospechó que llegaría a convertirse en uno de los exponentes más significativos de la historia musical cubana. Sin aspiraciones de trascendencia, solo desatando sus impulsos melódicos, llegó a ser un rey del filing. La poesía fue el talismán de Portillo, pero no uno de esos amuletos que se conservan en la intimidad; ante miles de oídos develó los colores de su alma. Tanto sentir no podría quedar atrapado en un solo cuerpo o en una misma guitarra.

Los temas que surgieron de aquella inspiración tan fértil han sido interpretados por cantantes en cualquier rincón del mundo. Matices de toda clase se han abalanzado sobre letras irrepetibles que cada quien ha querido hacer suyas. Elena Burke, María Bethania, Plácido Domingo y tantos otros acudieron al repertorio de César. Más allá de arreglos y adaptaciones musicales el espíritu de Portillo se mantiene vital en cada creación suya.

Canción de un festivalRealidad y Fantasía o la célebre Contigo en la distancia son hace mucho tiempo memoria poética de quienes encuentran en el filing una razón de vida. A eso también se aprende: a vestir con la canción cada soledad, nostalgia o amor.

 

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