El Arco de Belén
En Compostela esquina a Acosta, el arco, que puede considerarse una curiosidad en la Habana Vieja y en general en toda la ciudad, es parte del viejo convento de Belén
El narrador Miguel Collazo lo situó en la literatura con una obra que lleva precisamente el título Arco y distingue el barrio judío habanero. Cerca del Arco abre sus puertas una importante sinagoga y hasta hace poco tiempo la carnicería judía. También el restaurante Moische Pípik, en Acosta 211, cerrado desde hace mucho tiempo y que se reputaba como la mejor cocina judía de La Habana, y el café de Boris Kalmanovich, en Compostela, establecimiento célebre por razones trágicas.
A fines del siglo XVII el obispo Diego Avelino de Compostela funda una iglesia y convento en la calle que luego se llamaría Compostela. Se ubica exactamente entre las calles Luz y Acosta. El convento sería refugio de convalecientes. En 1704 la instalación fue ocupada por los padres belemitas, que continuaron ocupándose de la atención a los enfermos y crearon un colegio gratuito para dar instrucción a 500 niños. En 1742 el gobierno colonial desalojó a los frailes y convirtió el inmueble en oficina. Dos años más tarde lo ocuparon los padres jesuitas, quienes ubicaron allí su colegio y fundaron, en 1858, el Real Observatorio del Colegio de Belén, que llegaría a ser el centro meteorológico, geomagnético, sísmico y astronómico más importante de la zona intertropical del planeta durante la segunda mitad del siglo XIX.
En 1925 los jesuitas se trasladaron para una nueva instalación en Marianao y, con los años, Fidel Castro cursaría estudios en su escuela, el muy famoso Colegio de Belén.
El viejo convento fue ocupado por dependencias gubernamentales y allí radicó el Ministerio de Gobernación (Interior) hasta el triunfo de la Revolución.
Restaurado con esmero por la Oficina del Historiador de la ciudad, el edificio es desde 1997 centro de un amplio programa de beneficio social para niños y adultos de la comunidad.
Tomado de Juventud Rebelde