Estampas habaneras (IV)

Algunos personajes “ilustres” de los que han vivido en la capital

Enrique Fontanills, Octavio Averhoff y Cosme de la Torriente.
Enrique Fontanills, Octavio Averhoff y Cosme de la Torriente.

Por Ciro Bianchi Ross

Vecinos

En la esquina de Malecón y San Nicolás vivió el periodista Enrique Fontanills, maestro de la crónica social. Asentó en ella un estilo propio que luego fue imitado por todos sus colegas.

Fue un maestro en lo suyo. La crónica mundana, tal como la concibió, perduró en la Isla a despecho de aires renovadores. Creó un estilo cortado, donoso, nuevo, dúctil, que manejó con destreza y en el que los adjetivos equilibraban y ponderaban el alcance de las definiciones.

Tuvo el acierto de encontrar la frase precisa, escribía en 1935 el gran periodista Arturo Alfonso Rosselló.

Larga fue la trayectoria de Fontanills. Comenzó en El liberal y trabajó, entre otras publicaciones, para La discusión, La lucha, El fígaro y La Habana literaria, que dirigió el después presidente Alfredo Zayas, hasta atrincherarse, a fines del siglo XIX, en el Diario de la Marina.

Se inició allí en la redacción de aquellas gacetillas en las que lo mismo se hablaba sobre un libro que de un laxante, hasta que un buen día se alzó con la columna de la vida social. La tituló Habaneras, e hizo célebre la expresión “asistiré”.

Cuando calzaba con ella el anuncio de un espectáculo artístico movía hacia el evento la curiosidad del público y afinaba, acaso sin saberlo ni importarle, el gusto popular.

Un día, disgustado, se fue del periódico. Nicolás Rivero, el director-propietario, no demoró en buscarlo. Cuando retornó, Rivero escribió en una de sus Actualidades: “El Diario no puede estar sin Fontanills ni Fontanills sin el Diario”. Falleció en 1933.

En la esquina de Malecón y Lealtad vivió Octavio Averhoff, ministro de Educación de Machado. A la caída de la dictadura, el 12 de agosto de 1933, la casa fue saqueada, al igual que el llamado castillo de Averhoff en la salida de Mantilla hacia El Calvario.

Fue uno de los cinco hombres que ese día salieron de Cuba, rumbo a Nassau, en el mismo avión que llevaba a Machado.

‘Coquito’, como le llamaban, regresó a la Isla en 1937, cuando empezaron a regresar los machadistas, y estrenó casa nueva en 17 y L, donde hay una escuela primaria. Todavía en 1960 aparecía en el Libro de Oro de la sociedad habanera.

En Malecón y Perseverancia residió hasta su muerte, en 1956, Cosme de la Torriente, con bufete en San Ignacio 26.

Coronel del Ejército Libertador, fue un distinguido abogado, canciller de la República en el Gobierno de Menocal y presidente de la Sociedad de Naciones, organismo antecesor de la ONU.

En sus años finales trató infructuosamente de buscar un entendimiento entre Batista y la oposición política a fin de que el dictador convocara a elecciones y abandonara el poder.

Quiso jugar el mismo papel que en 1933 desempeñó en la mediación entre el Gobierno de Machado y la oposición tradicional.

En 1956, el mismo año de su muerte, presidió el llamado Diálogo Cívico entre el Gobierno batistiano y sus opositores tolerados, aquella oposición ‘atomizada y pedigüeña’, de la que habló Fidel desde México.

Tomado de Juventud Rebelde

 

 

 

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