Lun. Sep 23rd, 2019

El botón de muestra dijo Sí al gobierno mexicano

Denunciado por fraudulento, el PRI gana Estado de México, el más importante del país

La derecha mexicana no dará tregua a otras agrupaciones políticas en oposición
La derecha mexicana no dará tregua a otras agrupaciones políticas en oposición

Mariela Pérez Valenzuela

De nuevo el oficialista Partido Revolucionario Institucional ganó las elecciones para la gobernación del Estado de México (Edomex), que concentra más de 11 millones de votantes de los 14 millones del país, mientras continúan las denuncias sobre un eventual fraude en las urnas, algo habitual en esa nación.

Analistas coinciden en que la oposición no ganaría de modo alguno las cuatro gobernaciones en disputa, dado el despliegue de planes diferentes para que el PRI, que durante más de 80 años consecutivos dirigió el Edomex, perdiera justamente ahora en el llamado laboratorio comicial con vistas al 2018.

El pasado 4 de junio, cuatro estados mexicanos –México, Coahuila, Nayarit (gobernaciones) y Veracruz, con municipales- se fueron a las urnas con denuncias anticipadas de robos de urnas y boletas, compra de votos, tráfico de influencia, amenazas a líderes comunitarios, y manipulación de los resultados finales.

Eduardo del Mazo, primo lejano del presidente Enrique Peña Nieto, es representante en la liza de una de las familias más ricas asentadas en Alturas de Atlacomulco. Esos grupos familiares están integrados por miembros de la poderosísima oligarquía de México, que comparten iguales intereses económicos y políticos.

Al acto comicial se presentaron, además de Del Mazo por el PRI, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena, con Delfina Gómez), el Partido de la Revolución Democrática (PRD, Julián Cepeda), el Partido de Acción Nacional (PAN, Josefina Vázquez).

Solo MORENA se acercó con dos puntos porcentuales menos al PRI, pero insuficientes para derrotar la poderosa campaña lanzada por el oficialismo en uno de los países más corruptos y empobrecidos de América Latina. Analistas consideran en la publicación Black Magazine que “la democracia no existe” en el antiguo país de los aztecas y también que las recientes elecciones fueron fraudulentas, tal como ocurrió en las presidenciales de 1998, 2006 y 2012.

Esas fuentes, cuyos debates recogen otros medios periodísticos como Rebelión, destacan la vergonzosa relación existente entre los medios de comunicación, el poder económico y el poder político, en realidad los decisores de los ganadores en los comicios regionales y nacionales para garantizar lo que algunos políticos oficialistas califican de estabilidad e institucionalidad del país, uno de los más desiguales de América Latina.

Desde antes de celebrarse el acto comicial, el líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador denunció que existía una confabulación para impedir que su candidata Delfina Gómez ganara la contienda, diera un vuelco a la tradición política del Edomex (más de 89 años de gobiernos consecutivos en ese Estado- y abriera el camino a su candidato en las presidenciales.

Luego de conocerse los resultados salieron a la luz la adulteración de actas electorales ingresadas al sistema de conteo, la compra de votos a los más pobres a cambio de ingreso a programas de asistencia social, y la intimidación de narcos y grupos militares con violencia a militantes opositores y sus familias, además del uso masivo de los medios de comunicación privados para atacar a los candidatos izquierdistas.

Para la población mexicana, gobernada en muchos estados por el narcotráfico, en complicidad con las autoridades, el fraude era previsible, como es lo que con certeza ocurrirá el próximo año cuando se elija el sustituto de Peña Nieto. Lo cierto es que para nadie es secreto que resultará difícil a MORENA y su líder López Obrador –a quien le han arrebatado Los Pinos en dos oportunidades también mediante fraude- alzarse con la victoria en el 2018 si no cambia su táctica política y se acerca más a la población cabizbaja a causa de la politiquería nacional.

La derecha mexicana, de la cual es abanderada el PRI, no dará tregua a otras agrupaciones políticas en oposición, a lo que se une los altos índices de indiferencia de la población que no ve resueltos sus problemas fundamentales ni cubiertos sus derechos humanos.

La única solución posible para los mexicanos es la unidad de los sectores más golpeados por la oligarquía y crear una gran coalición donde militen indigenistas, zapatistas, izquierdas, ecologistas, estudiantes, sindicalistas y los movimientos populares.

Para algunas fuerzas de izquierda, como los zapatistas, la solución es ganar las elecciones y de inmediato instalar una Asamblea Nacional Constituyente que reestructure las bases económicas, políticas y sociales del país, lo cual, en este momento, parece una utopía.

En la práctica, las masas mexicanas tienen poco más de un año para detener el nuevo y masivo fraude electoral que se espera en 2018.