Fuertes como el Caballo de Troya

En el politecnico Amistad Cubano Soviética de Playa, alumnos y maestros dan el extra para sacar adelante la enseñanza técnica
Nury Torres
Entrando a los talleres de mecánica del tecnológico Amistad Cubano Soviética en el municipio de Playa, impacta un gigantesco Caballo de Troya. Hecho en negro, enorme, con metal, con madera, con el empeño de marcar un territorio que, como el de los griegos y los troyanos, se defiende ahora de la inclemencia del tiempo.
Cristales, ventanales; pero sobre todo 60 años de explotación, han dejado huellas de mucho uso: los tornos, las fresadoras, las piedras amoladoras, las maquinarias de la época de la URSS, evidentemente “piden ayuda”.
En octubre de 1962 nació el Instituto Politécnico Amistad Cubano-Soviética, del municipio de Playa. Aquí, entre otras disciplinas, se imparte la Mecánica; y salen muy bien graduados las y los jóvenes, pero, sus profesores pasan mucho trabajo para enseñar porque la maquinaria, puede decirse que es obsoleta, en comparación con la nueva tecnología mundial y de muchas empresas cubanas también. Ya apenas obedece a las constantes inyecciones de innovación de los innovadores del centro.

El profesor Juan Suárez Martínez, dice algo que es sustancial, un joven tiene que aprender con la materia prima que lleva el proceso de aprendizaje. Por ejemplo si usted lo prepara para tornero, tiene que tornear- me dice- y para ello necesita cuchilla.
Este y otros profesores, que también son integrantes de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (Anir), y ostentan la placa Talentos de Oro, otorgada desde 1975, dice que tienen ausencia casi total de aceite y de electrodos, dos necesidades básicas, pues el rectificado lleva aceite, las máquinas lo llevan y para echarlas a andar a disposición de los estudiantes, se requiere alrededor de 30 bidones.

No es igual enseñar con aceite emulsionado y agua. Los jóvenes estudiantes requieren aprender, con lo que realmente les hará ser buenos mecánicos, fresadores, torneros, electromecánicos, en fin.
Nadie que visite este tecnológico habanero puede decir que no se dan soluciones. O si no, qué significa la participación de sus aniristas en los 16 foros de ciencia y técnica celebrados hasta hoy, y en los que han obtenido lugares prestigiosos con herramental como: dispositivos para montaje y desmontaje del cabezal vertical de una fresadora; o la adaptación de una caja de velocidad a una máquina de estas; o la mecánica para sacar aceite de semillas de girasol; o esta reciente: la muela abrasiva para máquina electro esmeriladora, más conocida por amoladora, lograda por el profesor Róger Jesús Domínguez Rodríguez, quien se graduó en este tecnológico y lleva 34 años de servicio.

Róger le ahorra al país mil 200 dólares, el costo de una pieza de afilar como esta, recuperada y en marcha en la afiladora, ahora para sacar filo de frente y por los costados, es simplemente relevante.
Narciso Rousseaux es otro profe-anirista. Imparte la asignatura de Ajuste, y defiende mucho el criterio de motivar a los estudiantes. Por supuesto habla de lo objetivo, pero destaca el amor que ha identificado a este colectivo de trabajadores a la hora de, con casi nada, hacer mucho por la educación de los hijos e hijas de las madres y padres que confiaron a este Politécnico, el egreso de su joven como mecánico que sepa lo que hace.
Si la vida se trata de habilidades y competencias para ser exitosos, es fundamental una visión más profunda a los institutos tecnológicos de la Habana, que como este, llevan en sus talleres palpitando el ingenio de sus innovadores, la paciencia e inteligencia, el detalle de sus maestros, y el trote de voluntad que, como el Caballo de Troya, de su entrada, recibe día tras día al alumnado. No basta el esfuerzo de la Anir, es indispensable la pronta ayuda material.