Una nueva inyección de técnicos para la lucha antivectorial

A esta batalla no se le puede quitar el pie de encima tanto en los hogares como en los centros laborales

Esos nuevos técnicos tuvieron, como parte de su formación, actividades prácticas a nivel de comunidades.
Esos nuevos técnicos tuvieron, como parte de su formación, actividades prácticas a nivel de comunidades.

Carlos Heredia Reyes

En febrero último la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana (UCMH) graduó a 112 técnicos en vigilancia y lucha antivectorial, para sumarse a la batalla que en este campo se libra en toda la capital cubana.

Sin dudas, se trata de una valiosa inyección en materia del fortalecimiento del sistema de salud y de mantener la sostenibilidad allí donde no constituyen un riesgo los niveles de infestación o haya indicios de posibles epidemias.

Por tanto, la prevención, la promoción y educación estarán en el centro de las acciones que desarrollen esos jóvenes en las áreas donde estén ubicados pues no obstante los avances, todavía quedan muchas cosas por hacer –y por continuar haciendo- en aras de evitar la aparición o incremento de enfermedades como el dengue, el zika y el chikunguya, trasmitidas por vectores.

La falta de personal calificado ha sido uno de los principales problemas afrontados en varias provincias cubanas para eliminar la persistente presencia del mosquito Aedes aegypty, de ahí la trascendencia de la formación de esa fuerza joven.

“Es imprescindible reforzar la vigilancia y lucha antivectorial como la más efectiva de las medidas para evitar una epidemia”, dijo hace un año en La Habana el doctor Roberto Morales Ojeda, ministro de Salud Pública, al anunciar entonces un amplio conjunto de medidas que conformarían el plan de acción para la prevención y enfrentamiento a enfermedades transmitidas por los mosquitos Aedes aegypti y albopictus.

Desde entonces con sus altas y bajas los niveles de infestación han ido disminuyendo y aunque ya no son tan alarmantes, como se dice en buen cubano a este asunto no se le puede quitar el pie de encima, pues particularmente en la capital, como consecuencia de la indisciplina social, aunque en menos cantidades proliferan microvertederos, hay familias que no realizan con la periodicidad y sistematicidad necesarias el llamado autofocal y en ocasiones no se hace con la calidad requerida la fumigación en los hogares y centros laborales.  

Tal cual señaló el propio titular del ramo, factores como la inadecuada calidad técnica del trabajo antivectorial, la persistencia de condiciones medio ambientales desfavorables, la escasa participación popular en la solución de los riesgos y la situación climatológica, condicionaron que en 2015 y parte del 2016 persistieran altos niveles de infestación en el país y transmisión de dengue.

Pero volviendo al tema de la reciente graduación de 112 técnicos en vigilancia y lucha antivectorial, no olvidemos tampoco la valiosa ayuda que en esta batalla han dado las Fuerzas Armadas Revolucionarias, con miles de oficiales y reservistas, la Policía Nacional Revolucionaria, y otros movilizados cuando fue tensa o preocupante la situación en la capital, y entonces la dirección del Partido y del gobierno asumieron la conducción de las acciones en aras de su éxito.

Sin dudas, esos nuevos técnicos, quienes como parte de su formación tuvieron actividades prácticas a nivel de comunidades, refuerzan ahora el trabajo en las áreas de salud y muchos compartirán sus vivencias y preparación con los médicos y enfermeras de la familia, en bien de la población.

Por ejemplo, deben ser celosos guardianes en el cumplimiento de las medidas de saneamiento y lucha antivectorial, encaminadas fundamentalmente a la inspección, destrucción de depósitos artificiales y abatización de las viviendas y locales.

Del mismo modo, velar por la revisión y tratamiento perifocal de los tanques elevados; por la limpieza de criaderos habituales del mosquito (lagunas de oxidación, cañadas, ríos, espejos de agua), y por la realización efectiva y eficiente de los tratamientos adulticidas intra y extradomiciliarios.

También pueden garantizar que se realicen las acciones antivectoriales y de saneamiento en locales abandonados y/o cerrados, incluyendo patios y solares yermos que son responsabilidad de los organismos y personas naturales, así como en centros laborales estatales, formas no estatales de producción y servicios, centros educacionales, instalaciones deportivas y culturales.

Pero esta joven fuerza salida de las facultades de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, junto al médico y la enfermera de la familia, también deberá hacer hincapié en la participación de la comunidad en la búsqueda de solución a los riesgos ambientales que generen la propagación del vector, con iniciativas a nivel de CDR en barrios y comunidades, como lo son las audiencias sanitarias, las cuales buscan elevar la percepción de riesgo en la población.

 

 

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