Lúdica edad
Se llama Odette y tiene 19 años, me dice, con cierto ademán agresivo, que existen muchas Habanas dentro de La Habana

Diana Castaños
Se llama Odette y tiene 19 años. Me dice, con cierto ademán agresivo, que existen muchas Habanas dentro de La Habana. Que nada más cuando sube la loma de G, desde su albergue en F y 3ra hasta la cúspide que es la calle 23, donde queda su Facultad de Turismo, ve muchas realidades dentro de una:
A la altura de calzada, los choferes de Cubataxi, que hacen piquera en el Hotel Presidente con sus mil millones de historias, con sus apodos y sus piropos sofisticados.
Un poco más arriba, Maternidad de Línea, con los médicos que son amables y los que ni siquiera lo intentan, con los vendedores de los jardines del hospital, con sus maníes recalentados.
Y los custodios de las distintas estatuas de presidentes, mientras sube la loma. Sentados bajo la sombra de algún árbol, esperando…
-Como si valor no tuviera el tiempo –comenta Odette.
Y en la cima, cuando cae la tarde, los emos –incipientes- con sus mejores galas.
-Distintas caras pero los mismos chicos de hace cinco años. Es la novísima juventud cubana, que es arte entre las artes.
Le pregunto a Odette qué significa el tono irónico de su diatriba. Pero su análisis sociológico de la calle G no otorga entrevistas.
-¿Te gustan mis californianas? –se refiere a las puntas rubias de su cabello. Las levanta y me enseña, en su nuca, su tatuaje nuevo: un tridente que hace referencia a Poseidón, el dios del mar en la mitología griega.
Frota con la tierra sus zapatos deportivos.
-No me gusta cuando mis superga están tan limpios –me aclara.
Curioseo -insisto- si el término “novísima juventud cubana” se le ocurrió a ella, y si es una frase despectiva. Por toda respuesta me enseña el reverso de sus muslos.
-¿Ves? Nada de celulitis.
Entonces, no sé exactamente por qué, le pregunto si su tatuaje en el brazo representa un tridente o un tenedor.
Tomado de Cubasí