¿Lenín o Lasso? Ecuador decide
Expectativa por resultados de comicios presidenciales

Mariela Pérez Valenzuela
Este domingo, los ojos de América Latina y de una buena parte del mundo están puestos en Ecuador, donde crecen las expectativas sobre quién será el próximo presidente, si el izquierdista Lenin Moreno o el derechista Guillermo Lasso, en un enfrentamiento de dos posiciones políticas ya conocidas por el pueblo del país meridiano del mundo.
Aunque cuatro encuestadoras dan como ganador a Moreno, candidato por la oficialista Alianza País, por un margen considerable de votos, sin embargo distintos analistas políticos indican lo engañoso que pueden resultar tales pronósticos –como ocurrió en otros lares-.
Se han sucedido 20 días de una intensa campaña electoral con vistas al balotaje, en la que el postulado opositor por la alianza derechista CREO-SUMA, Lasso no dejó de amenazar con la violencia en las calles si pierde en las urnas.
Mas de 12 millones 890 mil ecuatorianos dirán la última palabra en lo que también se considera una valoración de la última década de gobierno del economista Rafael Correa, líder de la Revolución Ciudadana realizada en ese país con irrefutables logros económicos y sociales, y un merecido prestigio internacional.
Pero a pesar de los éxitos de Correa, lo cierto es que Moreno no logró la victoria en primera vuelta el 19 de febrero pasado, cuando las empresas encuestadoras le daban un amplio margen de victoria.
Desde ese día, cuando se realizó la primera vuelta y este domingo, Ecuador es un avispero de mítines, propaganda y demostradas campañas sucias por parte de los seguidores de Lasso, el Superministro de Economía del mandatario Jamil Mahuad que dolarizó el país y dejó sin dinero a millones de ciudadanos, muchos aún en la emigración.
Ese es el aspirante de la derecha, favorito de Estados Unidos, que espera reproducir en Ecuador la amarga experiencia de Argentina, donde por tres votos porcentuales y un interés popular por un supuesto cambio, el conservador Mauricio Macri se hizo de la Casa Rosada y luego de un año en el gobierno convirtió al país en un infierno neoliberal.
En febrero, por 0,64 céntimas de punto, Moreno y su vice Jorge Glas no ganaron en Palacio de Carondelet, a pesar de que con su habitual desfachatez Lasso acusó al Consejo Nacional Electoral de un conteo fraudulento. Entonces el candidato a Alianza País obtuvo 39,36 % y Lasso el 28,9 % del escrutinio.
Para evitar reclamaciones sin sentido, el CNE puso en práctica las medidas pertinentes para que la derecha carezca de derecho a reclamaciones posteriores, si pierde la Presidencia, o cumpla con sus amenazas de lanzarse a la calle en son de guerra.
En estos momentos hay en las 24 provincias más de 300 observadores internacional representantes de organizaciones políticas y no gubernamentales, y 82 mil activistas de los partidos y movimientos sociales ecuatorianos que darán fe de la transparencia de los comicios.
Para América Latina y sus fuerzas progresistas es trascendental la victoria de Moreno y Glas, dos políticos que acompañaron como vices al presidente Correa en distintos períodos de sus consecutivos mandatos por elección popular y un amplio margen de apoyo, aún cuando sus críticos le endosan algunas políticas cuestionables.
Un triunfo de Moreno llevaría llevarían oxigeno a los procesos progresistas que subsisten en América Latina- léase entre otros Nicaragua, Bolivia, Venezuela, El Salvador-, y mantendría determinado equilibrio en una región donde la derecha intenta recobrar el mando, y de hecho lo va logrando, luego de 17 años de efervescencia de gobiernos inclusivos y populares.
Sería además un mentís para quienes, desde una posición pesimista, vaticinan el fin de un ciclo progresista encabezado desde 1999 por el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, al que siguieron otros países con líderes defensores de la soberanía y la independencia latinoamericana contra las fuerzas imperialistas.
Que Ecuador se mantenga en el grupo de vanguardia política en Suramérica sería también afianzar el proceso bolivariano en Venezuela, cuando es duramente atacada no solo por la derecha local sino por la campaña emprendida en su contra desde el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA).
La victoria de Lasso, por el contrario, inclinaría más la balanza hacia lo que Correa vaticinó como “restauración conservadora” en América Latina, un empeño en el que aparece como líder Estados Unidos y sus aliados latinoamericanos, y aislaría al llamado eje bolivariano encabezado por Caracas.
La batalla que este domingo se libra en Ecuador, y que decidirán los votantes, es decisiva para el futuro nacional. El pueblo ecuatoriano vivió durante décadas dos etapas bien definidas.
La primera bajo la influencia de gobiernos neoliberales que endeudaron al país y sus habitantes, obligados muchos a la emigración; y la segunda, la Revolución Ciudadana dirigida, con aciertos y errores, a devolver el buen vivir a las capas más humildes de la población.
Sería razonable, entonces, votar por la continuidad de un proceso no exento de errores, pero jamás comparables a lo que llegaría con un triunfo del exbanquero y su pléyade de conservadores. La última boleta escrutada definirán los años por venir en el centro virtual del planeta.