Venezuela brinda otra lección de dignidad

 La OEA pierde en complot contra un pueblo revolucionario

Presidente Maduro convoca a debatir sobre permanencia de Venezuela en la OEA.
Presidente Maduro convoca a debatir sobre permanencia de Venezuela en la OEA.

Mariela Pérez Valenzuela

De dignidad y respeto a la soberanía de las naciones poco se conoce en la Organización de Estados Americanos (OEA) que miró de soslayo las invasiones propiciadas por uno de sus miembros, Estados Unidos, contra pequeños Estados, mientras ahora anda obsesionada con el derrocamiento del presidente venezolano Nicolás Maduro y la Revolución Bolivariana.

En efecto, con la vista gorda de la OEA, la Casa Blanca envió a sus marines a Haití, República Dominicana, Panamá, Nicaragua, entre otros, mientras ahora viola su propio articulado para tratar de aplicar a Venezuela la Carta Democrática Interamericana con el propósito de separarla de ese bloque y facilitar la intervención militar de la mayor potencia militar del mundo.

Durante dos días –los pasados 28 y 29 de este mes- en Washington D.C., donde tiene su sede ese mecanismo continental ocurrió una batalla, que comenzó en mayo pasado, cuando el Consejo Permanente intentó poner en el banquillo de los acusados a la Revolución iniciada en 1998 por el fallecido presidente Hugo Chávez y continuada por su discípulo Maduro.

A pesar de las presiones para impedir que defendiera los puntos de vista de su país el viceministro venezolano Samuel Moncada, la verdad se abrió paso aunque las intervenciones –salvo Nicaragua, Bolivia y algún que otro orador- clamaban por crucificar el proceso revolucionario y sus dirigentes.

Se trata de un complot que va en escalada desde que Chávez asumió el Palacio de Miraflores, pero que se fortaleció tras su muerte hace tres años y la derecha lanzó una ofensiva desde distintos planos que le hizo ganar por mayoría la Asamblea Nacional, ahora en desacato por burlarse de las órdenes del Tribunal Supremo de Justicia.

El secretario general de la OEA, el considerado traidor Luis Almagro, excanciller uruguayo en el gobierno del revolucionario José Pepe Mujica, es la cabeza visible de la postura contrarrevolucionaria de la OEA.

Para alcanzar su cacareado éxito, -que terminó en nada-, Almagro se valió, entre otros mecanismos, de dos congresistas de Estados Unidos, uno de ellos el ultraderechista Marcos Rubio, para amenazar a Haití, República Dominicana y El Salvador con cortarle el dinero que ese país entrega a tales pequeños países.

Así lo denunció en la reunión el vicecanciller Moncada, quien puso en su lugar, a pesar de las continuas interrupciones para no dejarlo hablar, a un colectivo que, salvo excepciones, parecía inclinarse por la sanción al gobierno venezolano.

Pero este diplomático demostró, con datos concretos, que la OEA y su secretario general violaron el articulado de ese mecanismo en aras de facilitar una agresión directa que, en la mente retrógrada de Almagro, sería bien recibida por el pueblo venezolano.

Moncada desarmó con hechos y herramientas jurídicas el atentado oquestado en contubernio con la derecha interna e impidió la aplicación de la Carta Democrática. Lo único que lograron los anfitriones conservadores fue una moción firmada por 20 países que tomarían nota del desarrollo de la reunión.

No menciona el texto ni las pretendida anticipación de las elecciones presidenciales marcadas para fines del próximo año; ni la liberación de los presos de la derecha que cumplen prisión por incitar a la violencia durante el plan La Salida (de Maduro) que dejó más de 40 muertos.

Puede considerarse que la razón se impuso, al menos por el momento, en el seno de una organización que poco resuelve en el continente, pues tiene un jefe poderoso que obliga a los restantes miembros a actuar a su antojo, con muy honrosas excepciones.

Mientras esto ocurría en Washington, ese día millares de venezolanos protestaban en las calles por la injerencia extranjera y para darles su apoyo a los dirigentes revolucionarios.

A tenor con este incidente que por la experiencia histórica transmitida por la OEA continuará de inmediato, el presidente Maduro convocó a un debate nacional e internacional para determinar la utilidad del mecanismo continental, y si Venezuela seguirá en sus filas luego de los últimos ataques.

De momento, Almagro ha tenido que tragarse sus insultos, pero analistas consideran que no pasarán muchos días sin que este astuto personaje vendido a Washington vuelva a la carga contra la Revolución Bolivariana sin medir, quizás, las consecuencias de sus acciones.

 

 

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