Duendes entre solfeas

Alberto Pedro Núñez, es un joven maestro de música, cuyo pasatiempo es adiestrar coros vocales y estudiantes de arte en la capital

 

Alberto Pedro Núñez junto a sus duendes. Foto: Ricardo Gómez

 

Ricardo Gómez Rodríguez

 

 

Inquietos duendes, incapaces de estar serenos ni en las penumbras de un teatro. Sólo consiguen la calma ante la mirada de Alberto, un joven espigado, tan intranquilo como sus pupilos.

Ellos son alumnos de las escuelas elementales de música Paulita Concepción y del Conservatorio Guillermo Tomás, ambas de La Habana.

 

De manera periódica conciben conciertos en varios teatros de la capital, para demostrar todo lo aprendido en su formación académica tanto en teoría como en práctica.

Eso los motiva muchísimo, dice Alberto Pedro Núñez, profesor de coro, quien prepara los espectáculos, a los cuales asisten padres, maestros y público.

Utilizan diferentes locaciones como el Cine Teatro Avenida del municipio de Playa, el Memorial José Martí u otras instalaciones de territorios céntricos de La Habana.

Es fácil para ellos crear en sus escuelas, matutinos dedicados a fechas como el Día del Maestro. A ellos invitan a egresados, que ya integran agrupaciones profesionales.

Las presentaciones reúnen a solistas, dúos, tríos o bandas de pequeño formato, que luego se unen en orquestas de música.

Los muchachos disfrutan de lo lindo y cuesta trabajo culminar el concierto, porque los anima la improvisación y esa fuerte pasión que sienten por el arte.

Son el fruto de intensos días de aplicación, de dobles jornadas que inician desde las primeras horas de la mañana y culminan bien entrada la tarde, e incluyen sábados y a veces domingos.

No descansan completamente ni durante las llamadas semanas de receso docente, pero lo cierto es que el carácter y la disciplina van tomando forma en niños desde los siete u ocho años y hasta la adolescencia.

Detrás de su formación hay recursos humanos y materiales que el Estado cubano dedica a la enseñanza artística, una de las más costosas en cualquier parte del mundo.

Los duendes revolotean en el aire, a veces acompañados de maestros como el joven Alberto, o de padres que ayudan a trasladar instrumentos, vestuarios y sirven de centinelas a la prole.

Constituyen una gran familia, organizadas por las direcciones de las escuelas y consolidan sus lazos a través de los años.

Los unen la pasión por la música y un hálito de hechizo o sortilegio, que tienen todos los que algún día fueron tocados por la magia del arte.

 

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