Polonia por décima vez

Ya suman diez las ocasiones en que Polonia se torna centro de atención para los cubanos durante toda una semana

Durante estos siete días la danza también será una expresión presente

Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu

 

La X Semana de la Cultura Polaca tendrá lugar del 1ro al 7 de abril. Será un buen marco para aproximarse a la riqueza que ofrece ese país desde variadas aristas creativas.

En Cuba se han establecido este tipo de ciclos en pos de homenajear a diferentes naciones y su acervo cultural. Sin importar las geografías, la semana aboga por acortar distancias entre dos latitudes que se conectan mediante revisitaciones a sus respectivas raigambres.

La inserción de cada propuesta en cartelera constituye una experiencia de hermanamiento, pues permite ofrecer y recibir importantes indicios de costumbres.

En los días que dure la cita, artistas y escritores volcarán su ingenio a la búsqueda y presentación de textos concebidos por autores polacos. Los participantes se apropiarán de signos pertenecientes al país europeo para articular un discurso propio.

La Semana de la Cultura Polaca permite la simbiosis entre referentes foráneos y sus nuevas puestas en contexto. Ello será evidente en lecturas dramatizadas que tendrán por espacio la librería Fayad Jamís.

Durante estos siete días la danza también será una expresión presente. El programa incluirá un espectáculo llamado Cuba baila a Polonia. Tal como su título sugiere, se trata de un agasajo desde la danza para reverenciar estilos de gran valor.

Igualmente llegará el grupo Corpus in Vitro que apuesta por el arte del mimo y cuya presentación traerá a escena el rigor técnico de esa disciplina. La representación coreográfica ha sido concebida por el dramaturgo Javier Rodríguez.

Ya suman diez las ocasiones en que Polonia se torna centro de atención para los cubanos durante toda una semana. Este tipo de sucesos estimulan el instinto de conocimiento respecto a culturas que tienen mucha más cercanía de la imaginada.

Precisamente en saber hallar los puntos de engranaje radica el encanto del encuentro. Hacer de la cultura polaca un incentivo para la complementación de referentes artísticos y literarios permitirá el diálogo entre geografías e idiosincrasias.

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