Capitán de los trabajadores

Aquel 11 de marzo de 1974 ningún reclamo sobrenatural le pidió a Lázaro “levántate y anda”

 

Imagen tomada de Google

Rosa Pérez López

 

 

Aquel 11 de marzo de 1974 ningún reclamo sobrenatural le pidió a Lázaro “levántate y anda”. Fue una multitud quien echó a andar por las calles de La Habana que lo viera nacer, para acompañar la postrera travesía del visionario capitán de los trabajadores.

Y se vieron lágrimas en los ojos insomnes de quienes en la madrugada habían amasado a la par panes y sueños. Y se crisparon de angustia las manos de los tabaqueros que habían aprendido a torcer el rumbo de su suerte, como antes la hoja del tabaco. Y se hizo canto y poesía la tristeza en la inspiración de los artistas en los que el líder sindical había reconocido su condición de obreros de la espiritualidad y la conciencia nacional.

El nombre de Lázaro multiplicado en las gargantas consternadas, igual que se escuchara hecho demanda en una Asamblea Constituyente o convertido en paradigma en los talleres redimidos. El nombre de Lázaro resumiendo antes y después los afanes y conquistas de la clase obrera, como si su sola invocación bastara para vindicar despojos y oficiar justicia.

Así se sembró como fecunda simiente en esta tierra, sin que ningún reclamo sobrenatural le pidiera “levántate y anda”, porque ya se sabía que no sería necesario. Le queda aún tanto por hacer a Lázaro Peña en nombre de los que aman y fundan, que sigue a nuestro lado, de pie y andando.

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